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| Las
uvas de la ira, película basada en la novela homónima de
Steinbeck, narra las migraciones internas de campesinos, expulsados de
sus tierras, en la Gran Depresión de los años treinta del
siglo XX en Estados Unidos. Familias enteras, con todo a cuestas, se dirigen
a California, donde esperan encontrar su modesto paraíso: un lugar
donde haya trabajo, comida, viviendas. En plena crisis del capital, de
políticas migratorias cada vez más duras y de destrucción
del mundo rural, aquí y ahora, la película –y la novela-
aportan multitud de elementos con los que analizar aquella época
histórica y también nuestro presente. |
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Los
oriundos se autoflagelaron hasta convertirse en hombres de temple cruel.
Entonces formaron unidades, brigadas, y las armaron… las armaron
con porras, con gases, con revólveres. Esta es nuestra tierra.
No podemos permitir que estos okies se nos suban a las barbas. Y los hombres
que iban armados no poseían la tierra, pero ellos creían
que sí. Y los dependientes que hacían guardia por las noches
no tenían nada y los pequeños comerciantes sólo poseían
un cajón lleno de facturas sin pagar. Pero incluso una factura
es algo, incluso un empleo es algo. El dependiente pensaba: yo gano quince
dólares por semana. ¿Y si un okie de mierda estuviera dispuesto
a trabajar por doce? Y el pequeño tendero pensaba: ¿Cómo
podría yo competir con un hombre que no tenga deudas? (STEINBECK,
Las uvas de la ira, p. 399). |
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