El marxismo,
entendido como teoría crítica y no como razón
de Estado, concebido como filosofía política de la
praxis y no como una cosmología evolucionista de la naturaleza,
tiene mucho que ofrecer a las y los jóvenes de Cuba, de Argentina
y del mundo entero que hoy se hacen nuevas preguntas y ya no se
conforman con las respuestas mediocres del neoliberalismo, la resignación
del posmodernismo ni con la impotencia política elevada a
metafísica por el posestructuralismo. Si las resistencias
mundiales pretenden triunfar contra la dominación imperialista
del capital globalizado, no podrán prescindir de su legado.
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¿Tiene
entonces sentido insistir, una vez más, con el viejo de melena
blanca, bigote negro y traje oscuro? Creemos que sí. Vale
la pena hacer el esfuerzo por desaprender los lugares comunes, bastardeados
hasta el límite, que hasta ayer nomás monopolizaban
la palabra en el campo revolucionario. Carlos Marx, viejo pero joven,
canoso pero enérgico, crítico pero entusiasmado, con
el pesimismo de su reflexión pero con el optimismo de su
voluntad, seguirá dando batallas junto a nosotros. Y nosotros
junto a él. |