La idea
se este libro nació casi inmediatamente después de
producirse la catástrofe de Nueva Orleans. Fue una necesidad;
una necesidad solidaria que vino a suplir la más vital de
correr junto a las personas afectadas y prestarles unos primeros
auxilios. Nació, puede decirse, mitad de la impotencia para
hacer otra cosa y mitad de la cólera que sentíamos
contra los responsables de la tragedia: ya que carecíamos
de medios para ayudar con urgencia, por lo menos informar y denunciar
al mundo lo que estaba ocurriendo; lo que estaba ocurriendo y, sobre
todo, lo que se podía haber evitado que ocurriera si el gobierno
de los EE.UU. hubiera actuado de otra forma. De ahí que quisiéramos
establecer un paralelismo entre Nueva Orleans y Cuba -que, por el
momento, es un país ejemplar en la forma de afrontar los
huracanes-, para mostrar los distintos comportamientos ante un mismo
fenómeno de la naturaleza y hacer así visible, partiendo
de casos concretos, las grandes diferencias que separan la concepción
del mundo de un sistema capitalista, de la concepción del
mundo de un sistema socialista (...).
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