"Ésa
es la auténtica dimensión profunda del relato de los
dos gatos que eran el otro. Lo que diferencia la luz del faro no
es su luz, que es siempre la misma, sino el color del cristal que
la flitra. No nos comunicamos, somos la comunicación misma.
como robinsones que esos gatos son, tarde o temprano ha de descubrir
que nadie puede estar solo, que cada cual es aquel con quien está,
con quien estuvo o -como en el cuento- aquel a quien espera, aunque
sea sin saberlo. Que no se puede ser otra cosa que lo que vemos
reflejarse en los ojos de los demás".
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