En esta
frase se resume una historia de injusticia, de un mundo en el que
sólo hay libertad de movimiento para los mercados y para
aquellas personas que al mercado le interesa que se muevan. Para
el resto, para los que sufren la voracidad atroz del capitalismo
de útlima generación, para los que se ven forzados
a emigrar, sólo queda jugarse la vida y tratar de entrar
por la puerta de atrás, dejando su historia y su identidad,
al "paraíso" prometido. Si superan las vallas,
los fríos, las tornentas o los controles de aduana, si en
definitiva consiguen pasar, pronto tendrán la oportunidad
de conocer el papel que se les reserva en este escenario: explotación,
precariedad y discriminación.
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