"A
mediados de los años 80' se dio una confluencia en las calles
de los centros históricos entre bohemios, chavales de los
barrios y jóvenes politizados. Les unía además
del espacio de encuentro y diversión, la voluntad de trascender
el muermo cotidiano que resumía el prpyecto democrático,
a través de una práctica heterodoxa. Estas aspiraciones
no encontraban su lugar en los terrenos de las política tradicional,
y tuvieron que construir sus propios espacios de reivindicación.
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(...)
Esta construcción de los propios espacios de creación
y protesta, se concretó en vehicular, mediante inciativas
de autoorganización, las necesidades expresivas (grupos musicales
locales pero inmediatamente radios libres, fanzines...), o relacionales
(calles emblemáticas de los cascos viejos, pero también
gaztetxes, casas ocupadas...). Y a aquella suma se agregaron la
presencia de luchas radicales protagonizadas en campos tradcionales
(plantillas de empresas en reestructuración, disturbios ante
las entregas de refugiados, enfrentamientos estudiantiles...), o
de conflictos empujados por los movimientos populares (cierre de
la central nuclear de Lemoiz, enfrentamientos del movimiento de
reeuskadunización, campañas contra las agresiones
sexistas...), junto a las nuevas iniciativas sectoriales, entre
las que destacan las renovadas estrategias antimilitaristas".
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