La intervención de Stalin en España

Paz, Abel

Editorial: Fundación Anselmo Lorenzo

ISBN: 978-84-122107-3-6

Publicación: 2020

Nº de páginas: 60

Precio: 5,00 €.

La historia académica, de forma generalizada, ha venido sosteniendo determinados tópicos para tratar de justificar hechos que nunca fueron estudiados con la precisión que era necesaria, con el claro propósito de salvaguardar los intereses ideológicos de quienes no saldrían muy bien parados de esa investigación.

El texto de Abel Paz centra su análisis en el estudio de las memorias de Walter G. Krivitsky, espía y general del Ejército Rojo responsable, entre otros asuntos menos ciertos, del envío de armas al gobierno republicano a través de una red comercial ficticia, que impidiera vincular directamente a la URSS con alguno de los bandos combatientes, tratando de no poner en peligro el Pacto de No Intervención firmado en agosto de 1936, entre otros estados, por el soviético. Krivitsky detalla pormenorizadamente el momento elegido por Stalin para intervenir en la guerra civil, cuáles son los intereses que se persiguen, quiénes son los principales ejecutores del plan y qué resultados arrojan esas actuaciones. A pesar del exiguo recorrido que hace el general por estos hechos, su testimonio es fundamental para entender episodios decisivos de la contienda que aún hoy siguen siendo estudiados a través de fuentes documentales claramente manipuladas, que otorgan un protagonismo desmedido a unos sectores del bando republicano para robárselo, con aviesas intenciones, a quienes fueran autores de hechos trascendentales.

En este sentido, la historiografía oficial, salvo honrosas excepciones, ha venido ninguneando el decisivo papel del movimiento libertario en la guerra civil, explicando el fenómeno anarquista como una tendencia marginal y violenta, responsable de las peores atrocidades y causante de la derrota republicana. Para ello se han retorcido los hechos de las formas más inverosímiles, convirtiendo a militantes destacados del anarcosindicalismo en poco menos que bandidos —Amor Nuño, hermanos Pellicer, Francisco Maroto, Joaquín Ascaso y un largo etcétera—, mientras se obvia la importancia de realizaciones sustanciales de las que son protagonistas, tales como la organización de la mayoría de las colectividades agrarias e industriales —que sostuvieron en gran parte la economía—, la aportación de decenas de miles de milicianos a los frentes de guerra o la renuncia a principios ideológicos fundamentales hecha para no fracturar el bando republicano.