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El ciclista cíborg y los aviones a ninguna parte

Las reflexiones sobre la bicicleta de Corsino Vela son muy pertinentes para ahondar en esa obsesión contemporánea por el movimiento constante y cada vez más acelerado.

ENTREVISTA | Ainhoa Nadia Douhaibi y Salma Amazian

Investigadoras sobre islamofobia: «La política antiterrorista muestra la continuidad histórica del racismo institucional»

Ainhoa Nadia Douhaibi y Salma Amazian publican un ensayo con el que abren debate sobre el racismo que, sostienen, subyace en la política antiterrorista.

– eldiario.es

¿A quién beneficia el relato de la lucha contra el terrorismo? Esta es una de las preguntas a las que pretende responder el libro La radicalización del racismo. Islamofobia de Estado y prevención antiterrorista, escrito por Ainhoa Nadia Douhaibi (Oñati, 1983) y Salma Amazian (Ait Fawin, 1988). Las autoras buscan desvelar a través de un análisis histórico, social, político, judicial y penal, cómo el racismo hacia las personas y comunidades de tradición musulmana «hunde sus raíces en una islamofobia estructural perpetuada desde los aparatos del Estado».

Editado por Cambalache, se trata de una publicación en el que las investigadoras pretenden centrar el debate sobre la islamofobia, «al margen de estereotipos, exotizaciones y la criminalización» con la que las instituciones describen a la población musulmana, indican las autoras.

Este objetivo solo es posible, sostienen, mediante la transformación de los términos habituales en los que se viene hablando de islam, musulmanes y terrorismo en medios de comunicación, universidades y prácticas institucionales. Su finalidad es abrir un debate sobre el racismo que subyace en la política antiterrorista.

¿Qué sentido tiene hablar hoy del moro-musulmán?

El libro nace como un análisis del aparato del Estado en materia de prevención de la radicalización que llaman «yihadista». Cuando te empapas de la documentación institucional en la materia o acudes a formaciones que se realizan en este sentido, organizadas por instituciones u organizaciones que trabajan para ellas, resulta que el objeto-sujeto del que se habla es un cuerpo moro-musulmán «radicalizado». Nos parecía importante hablar del moro porque esta política se piensa y construye contra él. El target no lo hemos decidido nosotras, sino las políticas de Estado. Eso no quiere decir que no haya otros cuerpos, no negamos la expansividad de esta política, por eso hacemos un análisis histórico.

Es importante señalar que ese sujeto-objeto es construido y cambia dependiendo del estado-nación en un contexto europeo. En el contexto español, la construcción de un Otro musulmán se materializa mediante la asociación del mismo con la peligrosidad. La idea del moro, entendida como categoría colonial que lo deshumaniza y asocia con lo árabe. Aunque nosotras queremos salir de los paradigmas culturales ya que no entraría solo el árabe, también la gente pakistaní o amazigh, entre otros. Lo que en el mundo anglosajón se conoce como «brown-people» [personas racializadas].

Esto no quiere decir que las políticas que desgranamos no se desarrollen contra otros musulmanes, especialmente racializados y provenientes de las migraciones postcoloniales. Hoy en día observaremos que en el Estado español, los barrios sitiados policialmente son los que habita ese sujeto-objeto y la justificación es precisamente la reproducción del relato en torno a la «vigilancia por seguridad». Por ejemplo, en Granada, el barrio donde está la policía es el Almanjáyar, con una mayoría de población principalmente conformada por moros, negros y gitanos.

 ¿Dentro de todo musulmán hay un potencial terrorista?

Arun Kundnani dice en el libro The Muslims Are Coming! que la «radicalización» es la lente a través de la cual hoy se observa a la población musulmana a nivel internacional. Esa idea de que hay un potencial terrorista dentro de cada musulmán tiene que ver con cómo se desarrolla la criba sobre «quiénes tienen el riesgo dentro».

Las teorías en materia de radicalización señalan una determinada forma de entender, ver, vivir, practicar o proponer el Islam. Si en el centro de las teorías de la radicalización está la idea de que una determinada forma de creencia es la que conlleva una predisposición psicocultural al desarrollo de la radicalización, lo que se viene a decir es, se vigilará a toda la población musulmana y ya se hará la criba entre aquellos que determinemos como «radicales». Eso sucede porque el núcleo de vigilancia es el islam y lo que tiene que ver con él, esto automáticamente coloca bajo sospecha a toda la comunidad musulmana.

Al final, estas políticas tienen un carácter expansivo. Esto lo vemos entorno a lo que desde los aparatos del Estado llaman un islam «moderado», que no sería más que aquel que perciben los mismos como menos manifiesto a nivel social y político, lo que nos lleva a pensar a los propios musulmanes que para nosotros y nosotras hay una salvación a la que agarrarnos para no entrar en el ojo de las políticas preventivas.

No obstante, esto no es así, cualquiera puede entrar, tanto si es «visiblemente musulmán» según el estereotipo, como si lleva una forma de vida moderno-occidental. Además, en un ámbito teológico, te das cuenta que los aparatos del Estado marcan un discurso basado en el más absoluto desconocimiento. Emplean términos que solo cobran significado debido al machaque mediático, sin embargo, cuando se les pregunta, no saben responder o dan respuestas que no se sostienen. Lo más peligroso de todo esto, es que estas políticas acaban siendo, como dice Salman Sayyid, «instrumentos disciplinadores».

¿Hay continuidad histórica entre las medidas de prevención y persecución contra personas no blancas y los programas antiterroristas de hoy?

Era necesario describir cómo históricamente se ha venido definiendo a este Otro como peligroso, señalar como se ha desarrollado la construcción misma del Nosotros y Ellos. La primera parte del libro busca enmarcar la política antiterrorista dentro de un continuo de racismo de Estado hacia el moro o hacia el Otro racializado en la historia misma de la creación del Estado español. Esto tiene la finalidad de romper con esa premisa que sostiene que las leyes antiterroristas responden a los atentados actuales, argumentación desde la que buscan legitimar estos dispositivos de prevención y control.

Es necesario señalar que no son nuevos, sino que muestran la continuidad del racismo institucional hacia las comunidades racializadas. Esto es visible, por ejemplo, cuando bajo el paraguas del terrorismo se acaba justificando expulsiones del país de personas a quienes únicamente se les ha colocado la sospecha encima. Es necesario mover el debate hacia otras coordenadas porque hay un consenso social que justifica esta política.

¿Cuál es el papel de los medios de comunicación y lo que se denomina como «academia blanca» en la construcción de ese relato?

Los planes contra la radicalización llevados a cabo por las instituciones se vienen realizando desde las universidades públicas. Quienes hacen esas investigaciones son sociólogos, antropólogos… además, en la academia este tema ha entrado de lleno, tenemos másteres centrados en la radicalización para que la gente aprenda a detectar y prevenir. Es cierto que hay gente que intenta ocupar lugares dentro de la academia para tratar de cambiar las cosas, pero hay que tener en cuenta que esta institución es parte del Estado que acaba legitimando la estructura racial y aquí, lo hace construyendo el conocimiento sobre el Otro que después se emplea para vigilar y castigar. La academia, los académicos, deben asumir su responsabilidad porque su trabajo tiene usos policiales. Hay que exigirles un posicionamiento político.

Los medios también forman parte del mismo aparataje. El Estado son sus organismos oficiales (administración, instituciones, gobiernos…) pero también sus tentáculos. Esto lo vemos cuando los medios informan con todo detalle sobre personas acusadas de ser sospechosos de «radicalización». Se difunden estos hechos pero buena parte de los casos quedan en nada y ningún medio habla de estas absoluciones, contribuyendo a alimentar ese imaginario alarmista que se necesita para seguir legitimando las políticas que señalamos.

¿Quién y en base a qué decide qué es terrorismo?

En el Estado español hay más gente muerta por otras violencias antes que por lo que han denominado «terrorismo yihadista», sin embargo, hay una creencia de ciencia cierta de que en cualquier momento puede pasar algo. Eso es una especie de delirio porque aunque tu muestras pruebas de lo contrario, no sirven para descreer. Se sigue creyendo en «la gran amenaza».

El Estado decide qué es terrorismo en base a sus intereses. Identificar al terrorismo permite el despliegue de cualquier tipo de violencia, de la que el Estado tiene el uso legítimo, para lo que determine que altera el orden. Si algo afecta a mis intereses y se determina que es una amenaza terrorista se está hablando de que atenta contra la forma de vida general y por lo tanto, se puede emplear todos los medios necesarios contra ella.

¿Cómo evalúa el Estado si hay un proceso de radicalización? 

En materia de prevención del «terrorismo yihadista» el sistema de indicadores no es propio, está creado a nivel internacional con Estados Unidos y países europeos que han sufrido atentados. Podíamos intuir cuáles eran esos indicadores pero no lo sabíamos a ciencia cierta hasta que escuchamos grabaciones cedidas por docentes de la escuela pública catalana.

Se trata de formaciones obligatorias impartidas por los Mossos d’Esquadra en el marco de un programa impartido por la Generalitat a nivel educativo, con el fin de vigilar al alumnado musulmán y evitar que «se radicalice». Aunque ante las denuncias públicas se han visto obligados a corregirse y señalar que se trata de aplacar todo tipo de radicalizaciones, en realidad son programas centrados en los musulmanes.

Estos audios demuestran que se emplean factores de riesgo generales como en cualquier política: marginalización, éxito educativo, desestructuración en el entorno familiar, itinerario migratorio… pero además, se usan factores particulares que serían los «indicadores de radicalización», indicadores que no son más que la práctica religiosa islámica. A través de la creación de estos indicadores lo que se hace es criminalizar formas de práctica religiosa expresadas, que supone la activación de dispositivos de vigilancia que a menudo quedan en nada. Eso sí, después de poner en marcha una vigilancia extensiva hacia el entorno familiar y social del alumno que, en base a estos indicadores, es «sospechoso».

Esta estrategia institucional no es nueva, en Reino Unido lleva años; sin embargo, allí despertó una fuerte crítica social que aquí no se ha dado. Esa presión obligó a hacer públicos los resultados de la política que puso de manifiesto que la vigilancia se centra específicamente en las comunidades musulmanas.

¿Qué implica tener al profesorado actuando como una prolongación del aparato policial? ¿Qué consecuencias tiene sobre el alumnado musulmán?

Por un lado, hay una legitimación del racismo en la educación pública que se ve reforzado por la defensa y participación del profesorado en su labor de vigilancia. Por otro lado, el alumnado musulmán está viéndose obligado a esconder su identidad, algo que es paradójico cuando las propias instituciones son las que dicen trabajar la idea de la pertenencia de los jóvenes migrantes o hijos de migrantes en España, mientras que estos dispositivos toman como factor de riesgo que un alumno o alumna no sea capaz de gestionar esta ambivalencia.

Es decir, se está impidiendo al alumnado musulmán expresar su religiosidad en un ámbito escolar porque conlleva sospecha y a su vez, es indicio de sospecha su ocultación. Tenemos conocimiento de que se han activado protocolos de vigilancia contra una alumna porque esta había decidido ponerse hiyab, a otro alumno por decir Allah u Akbar (equivalente a «Dios es grande») u otros alumnos que mantuvieran una charla sobre lo que es haram (ilícito). No obstante, esto es solo un indicativo empleado por la policía para iniciar una investigación que no tiene como objetivo el individuo, sino la comunidad en su conjunto.

La idea de la prevención es un peligro en sí misma, se están coartando itinerarios vitales de adolescentes que ya de por sí están en edades complicadas. Se está obligando a estos menores a tener que elegir. Son las propias instituciones las que crean la vulnerabilidad contra la que dicen luchar. Si de verdad quieren acabar con ella, deberían combatir las formas de exclusión que impiden la existencia social y política de estas personas.

¿Es posible articular una respuesta contra el racismo de Estado?

El libro es un pretexto sobre cómo se puede articular una resistencia necesaria en alianza con otros movimientos y espacios. Hace poco, había una jornada antirrepresiva en Granada y no había ninguna persona mora-musulmana que participara, cuando el discurso islamófobo es central en el argumentario del odio, racista y supremacista actual. Hay una parte de resistencia de los movimientos sociales y políticos a hablar sobre estas cuestiones, también hay islamofobia estructural dentro de la izquierda que no se ha trabajado ni se quiere trabajar a día de hoy. A todo esto le sumamos que, cuando en estos espacios se nombra el islam, se genera automáticamente una actitud de rechazo y reticencia.

La izquierda no es capaz de salir de sus propias coordenadas entre lo religioso y lo espiritual para ver la cuestión racial en cuanto a la islamofobia dentro de las políticas de Estado. Este posicionamiento es uno de los límites que impiden entender el funcionamiento de estas políticas. La izquierda tiene que romper el pacto racial que mantiene con el poder, debe introducir la cuestión racial en su análisis social y político. Si no hace eso, difícilmente vamos a poder tener lugares de encuentro comunes.

Sin embargo, debemos señalar que cada vez hay más espacios permeables a los discursos del antirracismo, susceptibles de articular la lucha desde diferentes frentes, necesarios si queremos concienciar y sumar políticamente. Aunque hay límites, cuando se dejan de lado se articulan luchas y respuestas interesantes en materia de organización para romper con las narrativas hegemónicas. Decimos esto a sabiendas de que, en este país, levantar la voz contra el racismo tiene consecuencias laborales, sociales y políticas.

Durante el recorrido que ha tenido el libro ha contado con especial acogida en los movimientos anticarcelarios que trabajan más a pie de calle, estos movimientos conocen por experiencia estas políticas y sus consecuencias, pero no acababan de verlas y entenderlas en estos términos. A su vez, queremos que este libro sea un punto de inflexión que saque de la estigmatización a personas que son víctimas de estas políticas de Estado, que se pronuncien, que hablen, denuncien y se sientan acompañados. La gente tiene que saber que no está sola.

Fuente: eldiario.es

Ama Ata Aidoo rompedora, profética y visionaria en “Nuestra hermana aguafiestas”

Por sfqu en 30 noviembre, 2018
Presentación de Nuestra hermana aguafiestas por Marta Sofía López. Librería “Louise Michelle Liburuak” (Bilbao)

Cuando a finales de los 70 se publica Nuestra hermana aguafiestas, concebida en los años 60, vieron la luz también, entre otras, Mi carta más larga de Mariama Bâ, A Question of Power de Bessie Head o Las delicias de la maternidad de Buchi Emecheta. Estamos en plena época descolonizadora (si atendemos a los tres países de origen de las escritoras, Ghana lo logró en 1957 mientras que Senegal y Nigeria en 1960). Eran tiempos en los que se vivía un optimismo generalizado, donde parecía posible que todo cambiara. Hasta que el globo fue desinflándose, mientras se escapaba para no regresar nunca más. De la desilusión tras estos procesos dio cuenta Ahmadou Kourouma en su obra Los soles de las independencias (1970).

Las mujeres escritoras africanas no comienzan a trasladar al papel sus historias hasta esa misma década: la de los 70 (Según la investigadora Inmaculada Díaz Narbona, el primer texto conocido de una mujer africana es de la camerunesa Marie Claire Matip, de 1958, aunque, “la crítica apenas si lo cita, e incluso los prestigiosos diccionarios de las obras africanas lo olvidan”). Soportaron dificultades obvias para poder ponerse frente al papel (más las que tuvieron después para que sus trabajos fueran considerados). Estas sus primeras obras son, ante todo, historias de la vida, de la vida vivida por las mujeres, optando por la autobiografía o el relato epistolar. Adentrándose y mostrando temas que les preocupaban en tanto mujeres que viven bajo un sistema patriarcal que mina y cerca sus expectativas, pero también como sujetos de una sociedad que lo sustenta y a la que muestran, a menudo, como objeto de críticas. Junto a ellas, Nuestra hermana aguafiestas supone también un punto de ruptura.

Marta Sofía López estuvo en Bilbao en la Librería “Louise Michelle Liburuak” el pasado 23 de noviembre para presentar una reedición de Nuestra hermana aguafiestas. Antes “Casa África” había publicado esta misma obra con traducción de ella misma, pero es un trabajo que hoy en día no se puede encontrar al estar descatalogado. La traductora y prologuista se mostró muy contenta con el mimo y el cuidado que ha dedicado la editorial Cambalache a la obra (añadir que dicha editorial pone a disposición del lector todo su catálogo bajo formato pdf.) y agregó que les costó bastante convencer a la autora, harta de autorizar traducciones y re-ediciones que nunca logran hacer que la novela reciba el reconocimiento debido. El resultado es poder tener a nuestra disposición, por una parte, una obra con acertado diseño y precisa edición y, por otra, un trabajo rompedor del que Marta Sofía se confiesa “enamorada desde los años 90” y que no ha perdido un ápice de actualidad.

Sin duda, “era importante dar visibilidad a esta obra y a su autora”. Ama Ata Aidoo figura como una de las grandes de las literaturas africanas (sobre su vida se puede visionar “The Art of Ama Ata Aidoo”), con una obra que nunca ha eludido la polémica o meter el dedo en la llaga, como lo muestra su obra de teatro Anowa, en la que pone sobre la palestra el doloroso tema de la participación de los propios africanos en la trata de esclavos.  Para Marta Sofía, fue una mujer que se anticipó a su tiempo y a la que considera “rompedora, profética y visionaria”. Y añade de manera rotunda en su prólogo que Nuestra hermana aguafiestas,la novela-poema de Aidoo es, con mucha diferencia, una de las obras más audaces, «modernas», visionarias y radicales que han surgido de África en la época de las postindependencias. O quizás la más.”

Lo de menos, en esta ocasión, es el argumento. Estamos ante una obra muy peculiar. No es fácil de definir, es un híbrido maravilloso en el que “Aidoo ya visionó que hay unas dinámicas de poder que van a ser muy difíciles de cambiar”. Como resumen, Marta Sofía elige esta frase “poder, chico, poder”, tanto en la dinámica norte-sur como en las relaciones entre los propios seres humanos.

Marta Sofía López leyendo “Nuestra hermana aguafiestas”

Nuestra hermana aguafiestas se considera un libro feminista. Ante esto la prologuista afirma: “El feminismo de Aidoo no es deudor de Mary Wolstonecraft, de Betty Frieddan o de Hélène Cixous. No arraiga en la Revolución Francesa, ni en el movimiento sufragista, ni en la «segunda ola». Es un feminismo afrocéntrico e innegociable”  Ama Ata Aidoo quien afirma “que aprendió sus primeras lecciones feministas en África” contrapone la ética “mujerista” (término acuñado por Alice Walker, que se puede resumir en que busca métodos para erradicar las desigualdades, no sólo para las mujeres negras, sino para todas las personas), según Marta Sofía, a través de dos personajes, dos tipos de mujer Sissie, mujerista, y Marija una alemana pequeño- burguesa e inculta cuyo “maternalismo” y condescendencia terminan por irritar a la narradora.

En este sentido, se ofrece un nuevo significado a la escena más importante de toda la obra: aquella en la que se encuentran ambas mujeres y que ha sido calificada como “velado lesbianismo”. “En mi opinión”, afirma Marta Sofía, “simboliza el desencuentro entre una mujer negra y una blanca”. Ella opina que no es una escena de rechazo sexual: “Tiene que ver más con la tendencia de considerar el «todas somos hermanas»… a lo que Aidoo contrapone: pero unas más que otras”. A la postre incide en la brecha entre las diversas maneras de pensarse como mujer. Así, Marta Sofía menciona el ibro de Ifi Adiume (Hijas que son varones y esposos que son mujeres, Bellatera y Casa África, 2018) sobre los roles de género. “La categoría género no es aplicable automáticamente ni funciona del mismo modo en todos los contextos”, explica, no hay que hacer aseveraciones tan universalistas y sí ser más humildes”.

Sobre la cuestión de si está o no basada en la propia vida de Aidoo, cree que “no se debe leer en clave autobiográfica” y advierte que aunque haya algunos paralelismos entre las vidas de la protagonista Sissie y de la autora (ambas reciben una beca para estudiar fuera del continente), no es su vida la que se muestra. A través de Sissie, Aidoo nos revela el desencuentro de la joven africana con este mundo occidental, deshumanizado, mísero e hipócrita. La voz de Sissie no es una voz victimista, al contrario, “se trata de una voz resiliente”. La novela propone un viaje a la inversa del formulado en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. “No es gratuita para nada la mención a los sepulcros blanqueados: «Bruselas, ciudad sepulcral»; «sepulcro blanqueado» es como aparece en la obra de Conrad esta ciudad europea”. Tal y como recoge Marta Sofía en su prólogo, “el personaje de Ama Ata Aidoo, igual que seguramente ella misma, fue capaz, como ciudadana del mundo, de entender y denunciar que los males del continente se gestan, y llevan siglos gestándose, en un millar de sepulcros blanqueados salpicados por todo el «Primer Mundo»”, Tras ese “manto blanco que cubre los horrores que hay detrás de la historia europea”.

Una Europa rapaz, protagonista de un auténtico saqueo no solo de los recursos naturales de África, sino también de sus recursos humanos. De ahí la “denuncia en la carta de amor, en realidad una carta de ruptura, a su novio”. El individualismo europeo “ha impregnado a las sociedades africanas”, añade Marta Sofía. Ante la “fuga de la gente mejor preparada”, Sissie afirma, como si se tratara de hoy mismo, que donde hacen falta los expertos, los cerebros, es en África y no en Europa.

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Nota: Marta Sofía López es Profesora titular del Departamento de Filología Moderna (Área de Filología Inglesa) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León, donde enseña estudios de género y literaturas postcoloniales. Ha dirigido el grupo de investigación internacional “Afroeurope@s: Culturas e Identidades Negras en Europa”. Es autora de múltiples artículos y ha traducido al castellano a autores como Ngugi wa Thiong’o,  Chinua Achebe, Ayi Kwei Armah o Ama Ata Aidoo.

Reseña en Rebelión de Vidas a la intemperie

Reseña de Vidas a la intemperie de Marc Badal (Pepitas de calabaza y Cambalache)
Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino
Marc Badal (1976) está empeñado en conjugar la teoría y la praxis de la agroecología, a la que ha dedicado ya varias obras. Vidas a la intemperie, editado por Campo Adentro en 2014, reaparece ahora de la mano de Pepitas de calabaza y cambalache con prólogo de Irene García Roces, y nos transmite el duelo por algo que se ha ido y a la vez una invitación a visitar las huellas que ha dejado, porque eso implica conocer nuestro origen y poner una base para lo que hay que construir. El volumen lo completa Mundo clausurado (2016), una mirada sobre la fractura histórica que supone el paso del agro diversificado y adaptado al medio al monocultivo. Son las plantaciones coloniales en América y Asia que hacen posible la modernidad capitalista, y hoy mismo, es la agricultura basada en petróleo y pesticidas químicos, que nos lleva a una “intoxicación permanente a través de un sistema productivo que se desarrolla sobre un medio aséptico y desinfectado.”La ciudad como sede del poder y de la cultura. El campo como territorio en extinción: “lo que se ve de soslayo desde la ventanilla para mantener la ficción de que existen ciudades distintas”, espacio colonizado espiritualmente por la televisión y la prisa, despojado de sus cadencias y sus liturgias. Marx y Engels predijeron que el mundo campesino caería arrollado por la industrialización. Hoy vemos la profecía cumplida, un etnocidio con rostro amable. Los urbanitas adoran sobre todo regresar en sus ocios a lo que ya no existe en parodias como el turismo rural: cuentos de la abuela, viejos recuerdos y repostería. Sin embargo, otros se empeñan en saber de aquel mundo complejo en equilibrio, dotado de sus propias leyes, en el que todo se aprovechaba y la variedad favorecía la supervivencia, en el que era costumbre deleitarse con los ritmos de la vida y con la obra bien hecha.

Pero el libro recoge otras ideas que las de Marx y Engels, proyectos que no fructificaron. Bakunin creía en el potencial de los campesinos rusos para protagonizar una revolución que impidiera el desarrollo en Rusia del infierno capitalista. Los naródniki intentaron en la década de 1870 el acercamiento al pueblo, pero encontraron desconfianza y hostilidad en exceso; la siguiente estrategia para despertar a las masas fue el terrorismo. Aleksandr Vasílievich Chayánov trató de reorganizar la agricultura rusa tras la revolución según un modelo cooperativista, pero en 1929 se impuso la gran colectivización; en 1932 es deportado a Kazajstán y en 1937 ejecutado. Ellos soñaron otros mundos, la pervivencia del campo, la salvación del hombre.

Echando la vista atrás, vemos que la Alta Edad Media se caracterizó por un vacío de poder hegemónico, y tal vez por eso fue la edad de oro del campesinado. El feudalismo pudo no ser tan malo. El desastre viene luego. Un listado de revueltas rurales en Europa desde el siglo XVII resulta abrumador, y hay que contar también con la protesta silenciosa y cotidiana, del furtivismo, por ejemplo. Resistencias frente al explotador, aunque los paisanos demasiadas veces fueron utilizados por los sectores más reaccionarios en sus luchas contra la revolución. Sin embargo, su conservadurismo no era el de los poderosos, sino sólo el de quien pretende mantener a flote su propio mundo. Los sueños truncados los llevarán a pactar con los señores pequeñas mejoras, un reformismo de supervivencia.

La literatura con frecuencia tiende a idealizar la vida rural, de los clásicos griegos y latinos al campo patriarcal, donde armonizan las clases, de los realistas conservadores como Pereda, pasando por La Arcadia de Lope o el discurso a los cabreros del Quijote. Otras veces, enfrentado con la dura existencia de la aldea, un escritor siente como propio el drama que contempla; es el caso de Cristo se detuvo en Éboli de Carlo Levi o Gente de las pusztas del húngaro Gyula Illyés, y poetas como Fred Kitchen o Stephen Duck . No faltan tampoco autores que reflejan la visión distorsionada que las clases dominantes tienen del paisano, inculto y egoísta, como ocurre en Balzac, Zola o Maupassant.

Tras la barahúnda de las miradas sobre el campesino, el libro trata de explorar también cómo se veía él a sí mismo. Conscientes de ser la base de la pirámide social, alimentando a todos y a todos sometidos, se sentían inferiores, vulnerables, las vidas a la intemperie del título. Atados al terruño, inervaciones del páramo o la dehesa, ellos dieron forma a un mundo que sólo recorrían cuando eran reclutados como carne de cañón para los ejércitos. Bosques, caminos, praderas y puentes son su obra anónima en la que no los reconocemos. Vivían sumergidos en lo que nosotros llamamos el paisaje, y que ellos percibían como parte de sí, atentos a signos que marcaban los ritmos de la vida y la muerte, la cosecha y el hambre, tan simples como una nube o un brote en la tierra. Los conceptos de lo bello y lo útil no se habían escindido aún en ellos.

Su conocimiento se basaba en la observación, con todos los sentidos, de la naturaleza y la labor de los mayores, y era capaz de hallar en el acervo de la experiencia colectiva pautas para guiarse en el arriesgado oficio de reproducir la vida; pistas y patrones, pero nunca certezas:”se dice que …”, “muchas veces ocurre así…” Y cuando todo es oscuro, la superstición crea máscaras de seguridad a las que aferrarse. La vida campesina muestra con frecuencia un aliento de auténtica comunidad, de existencia compartida, en trabajos y cosechas, en fiestas y rituales, aunque el orden social a veces degenere en espantos como lo que nos narra Ismail Kadaré, en Abril quebrado; muerte y venganza repetidas en un duelo sin final.

Somos los hijos de los que se fueron sin escribir su historia, dejándonos apenas un esbozo de sus representaciones del mundo. En Vidas a la intemperie la memoria y la mirada se entrecruzan para tejer el retrato de algo perdido que necesitamos recuperar porque nos va la vida en ello, un lugar donde, con todos sus pesares, el trabajo era armonioso y se ceñía a los ritmos de la naturaleza: “Las canciones de labranza de los campesinos de Tivissa (Tarragona) presentaban una configuración musical muy parecida a las que cantaban las madres para acunar a sus criaturas. Labrar la tierra y mecer la cuna eran dos actos de una intimidad equiparable. El campesino mostraba al cantar cómo vivía su relación con la tierra. La despertaba del sueño veraniego con el mismo tacto con que una madre duerme a su pequeño”

Reseña en Rebelión

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

13ª Feria del libro de Cambalache

[descargar programa en pdf]

sábado 4 de noviembre a las 19h
Presentación de la 13ª feria del libro con proyección documental: Gurumbé. Canciones de tu memoria negra (2016, 72’). Con Miguel Ángel Rosales (director).

viernes 10 de noviembre a las 19h
Charla-debate Tres miradas mujeristas: Aidoo, Emecheta y Nsue, con Marta Sofía López.

viernes 10 de noviembre a las 21h
Presentación del libro de relatos El bombero de Pompeya  (Libros de la Herida, 2017) + pincheo, con Miguel Ángel Argüez (autor) y del poemario Escalones que descienden hacia arriba (Luces de Gálibo, 2017), con David Eloy Rodríguez (autor). [+ pincheo]

el sábado 11 de noviembre a las 12h
Actividad infantil. Encuentro con los libros: La  pequeña gran aventura de la araña Juliana y El libro de los deseos, ambos editados por Libros de la Herida, con David Eloy Rodríguez y Miguel Ángel Argüez (autores).

el sábado 11 de noviembre a las 19h
Presentación del libro: Trincheras permanentes. Intersecciones entre política y cuidados. Con Carolina León (autora).

el sábado 11 de noviembre a las 20.30h
Presentación de la revista feminista La Madeja nº 8: Sexualidades (Cambalache, 2017). Con Irene García Roces, Inés Herrero Riesgo e Irene S. Choya (editoras). [+ cena de traje]

el jueves 16 de noviembre a las 19.30h
Presentación del libro: Las falsas promesas psiquiátricas, La Linterna Sorda, 2017. Con Guillermo Rendueles (autor).

el viernes 17 de noviembre a las 20h
Presentación del libro: Cervantes libertario (Corazones Blindados y Fundación Anselmo Lorenzo, 2016) y Los dibujos del paraíso de las islas. Una utopía libertaria en imágenes OP (CEDCS – VP/Fulminantes, 2015). Con Emilio Sola (autor).  

el sábado 18 de noviembre a las 19h
Encuentro con Pepitas de Calabaza editorial.

el sábado 18 de noviembre a las 20.30h
Presentación del libro: Vidas a la intemperie. Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino con Marc Badal (autor). [+ pincheo]

el sábado 11 de noviembre a las 22h
Concierto: Antón Menchaca (presentación nuevu discu)

el domingo 26 de noviembre a las 12h en el Teatro Filarmónica
Cierre de la 13 ª Feria del libro. Teatro: Catalina y los bosques de hormigón. La Vereda Teatro.

 

Reseña de En mar abierto en Etcétera

Huir del victimismo y de la sensiblería solidaria cuando se aborda el drama de la migración que nos toca de cerca, en nuestra vecindad, no es fácil, como tampoco lo es evitar la suplantación del migrante por quien habla en su nombre, aunque sea el bienintencionado del activista de los derechos humanos. En mar abierto, sin embargo, consigue distanciarse de
ese enfoque para articular un relato eminentemente testimonial, aunque novelado, en el que prevalecen la voz y las vivencias concretas de un
conjunto de personas de diversa edad, procedencia y sexo, cuyas vidas se entrecruzan en una ciudad de provincias.

Y ese es un mérito que merece ser subrayado, porque En mar abierto,
contra la frecuente construcción de la figura estadística y lastimosa
del inmigrante, refleja la dimensión vital de hombres y mujeres que no
son meros personajes, sino personas con su bagaje familiar y cultural,
sus ilusiones y también sus contradicciones en la lucha por salir
adelante, exactamente como cualquier ser humano; aunque eso sí, sin
obviar las arbitrariedades laborales y sociales a que se ven sometidos
los individuos que tuvieron la desdicha de nacer en otro sitio.

Es así como En mar abierto constituye un testimonio y un documento de
primera mano de los mecanismos de explotación y humillación, pero sin
hacer sociología, simplemente dando curso a la experiencia vital de sus
protagonistas en contacto y contraste con su entorno, con sus vecinos,
patronos e, incluso, “protectores”

La ficción documental o la biografía novelada son recursos literarios
muy utilizados actualmente, aunque en ocasiones representan una
mistificación de la realidad narrada. Sin embargo, en esta novela
reportaje el autor queda en un segundo plano tras la voz y la vivencia
de cada protagonista, de manera que el componente de ficción queda
reducido a su mínima expresión a la hora de enhebrar las historias
buscando la fidelidad a las circunstancias y a la descripción de los
rasgos psicológicos, como en el caso del protector/maltratador de Jenny.

Aunque cada episodio, cada experiencia narrada, tiene entidad por sí
misma, En mar abierto es un relato integrado, con un estilo directo y
sin concesiones al esteticismo literario, tal como requiere el tema. Por
lo demás, el tratamiento en clave realista compone una crónica cruda
pero al mismo tiempo vitalista cuya autenticidad no tiene nada que ver
con el relato convencional de la migración y los migrantes.

En mar abierto. Eduardo Romero. Edición de Cambalache, Oviedo, 2016.

Aparecido en Etcétera, Correspondencia de la guerra social, nº 56, diciembre 2016

Fotografías hechas con palabras

Los libros En mar abierto y Naiyiria retratan vidas a la intemperie.
Hablamos con su autor, Eduardo Romero.

 Ilustración de Amelia Celaya para 'Naiyiria'.

Ilustración de Amelia Celaya para ‘Naiyiria’.

Jose Durán Rodríguez – 26/11/16 – Diagonal
[publicamos aquí la entrevista completa]

– ¿Qué pretendes transmitir con la novela En mar abierto?
Lo que comparten la mayoría de los personajes de la novela es que su vida transcurre a la intemperie. Estén cruzando el mar o viviendo en un barrio de una ciudad del interior, viven “en mar abierto”. Sus experiencias, los vínculos que tejen en su día a día, los lugares que habitan… no se suelen ver ni se suelen narrar. La novela se sumerge, entre otras, en la vida de jóvenes marroquíes que, aún adolescentes, migran solos y sobreviven en la calle tras cumplir la mayoría de edad; en la historia de las basuras de mi ciudad, Oviedo: ¿quiénes son esos jóvenes senegaleses que colocan los cubos de colores en cada portal y los recogen cada madrugada?; y en la vida de Jenny, una mujer peruana que encuentra a otras mujeres con las que empoderarse frente a la política de extranjería y las violencias patriarcales que atraviesan su vida.

– ¿Dirías que el objetivo era hacer una especie de fotografías, pero con palabras, sobre vidas de las que no se habla?
Creo que la voz que he necesitado encontrar para escribir esta historia es efectivamente una voz que toma una cierta distancia respecto a lo que se narra. Me interesaba acumular escenas de la vida cotidiana; me interesaba, sí, “fotografiar” esas escenas. Mi prevención para no escribir desde “demasiado” cerca tiene que ver con dos cuestiones: por un lado, considero que las escenas hablan por sí mismas, que no es necesario y ni siquiera es políticamente inteligente ideologizar demasiado la narración; el segundo motivo es que la escritura distanciada es también una barrera para evitar miradas paternalistas, victimistas o idealizadoras sobre los personajes.

– ¿Hasta qué punto puede una obra literaria influir sobre la realidad?, ¿es una buena herramienta para ello? El conjunto de los relatos a los que tenemos acceso no sólo influyen en la realidad, sino que producen realidad. En ámbitos del activismo político y las librerías del circuito alternativo detectamos a veces un cierto rechazo o encasillamiento de la literatura: “los ensayos son lo importante, son los que hablan de política, la literatura es entretenimiento”. Sin embargo, nos parece fundamental que existan “otras” novelas y cuentos.

– ¿Por qué es necesario escribir novelas sobre las personas migrantes?
En mar abierto trata de mostrar a sus personajes en relación. Por eso no creo que sea una novela sobre personas migrantes. O, si lo es, es porque también es una novela sobre policías, empresarios de las basuras, directores de hoteles y dueños de empresas de trabajo temporal. Aunque, eso es cierto, quienes adquieren más protagonismo en la novela tienen en común unas condiciones de vida precarias y vulnerables. Y también comparten la experiencia migratoria, y eso tiene mucho que ver con su situación subalterna. Sin embargo, de la misma manera que la novela evita dibujar el arquetipo de la persona migrante “buena ciudadana” como la que “merece” derechos por querer integrarse, también trata de romper en cierta medida con la dicotomía autóctonas-migrantes. En la novela hay muchos personajes de “aquí” que también son migrantes. Lo es Rafa, migrante interno del pueblo a la ciudad; o Marta, a la que llaman “fucking Spanish” en Londres; o Iván, que migra a República Dominicana junto a toda la familia porque su padre se convierte en un “expatriado”. Que haya diferentes procesos migratorios, sin embargo, no quiere decir que las experiencias de desarraigo y subalternidad de unas y otras sean equivalentes.

– Como autor, ¿cuál ha sido tu acercamiento a las realidades que describes?
Mi primer acercamiento a las historias que forman parte de la novela no ha sido como autor. Más bien estas historias han formado parte de mi vida y, en un momento dado, he decidido narrarlas. Por eso he tenido que hacer dos ejercicios diferentes para montar esta historia: por una parte, bucear en la memoria para rescatar mediante la escritura muchos recuerdos de la última década que forman parte de lo que quería contar; por otro lado, seguir el rastro de algunas de estas historias, investigarlas más profundamente. Para ello he tenido que documentarme -prensa, expedientes judiciales, etc.- y he tenido que buscar y encontrar a personas que me podían contar cosas que llenaban vacíos del hilo narrativo que quería tejer. Muchas de esas personas han pasado a convertirse en personajes de la novela. También, por ejemplo, me he dedicado a observar cómo se colocan los cubos de basura en los portales; o he corrido junto al camión de los basureros para entender los ritmos y las tareas de estos trabajadores… En algunos casos, el ejercicio posterior de ficcionar estas historias me ha llevado a inventar personajes que no están basados en personas reales. Necesitaba esos personajes de ficción para contar mi verdad.
En la novela, la voz distanciada a la que aludía en una respuesta anterior, es sustituida -sólo en una docena de breves fragmentos- por una voz en primera persona. Creo que esa voz intensifica el sabor a crónica de la novela. Esa voz también recuerda que hablamos de hechos que suceden aquí y ahora: no es que yo forme parte de la novela, sino que todxs formamos parte de ella, habla de nuestra historia, de la historia de nuestros barrios y ciudades en lo que va de siglo XXI.

– Por su parte, Naiyiria es un relato breve pero con mucho fondo, ¿por
qué elegiste ese formato?, ¿puede resultar más impresionante lo que cuentas?
Naiyiria fue en realidad editado por primera vez en la publicación feminista La Madeja, en el número de “Paisajes”, en el año 2013. Si ahora ha salido como libro es gracias a Amelia Celaya, ilustradora de nuestra editorial Cambalache. Ella ha dibujado una docena de cuadros al hilo de este relato breve. Creo que los dibujos “reescriben” la historia: el texto y las ilustraciones producen resonancias entre ellos -ecos- que convierten la historia en un relato nuevo.
Naiyiria habla de mujeres nigerianas que cruzan la frontera sur a través del desierto y de Marruecos. De mujeres cuyo tránsito migratorio dura años. De mujeres violadas que se quedan embarazadas en el camino y tienen a sus bebés en Marruecos. De mujeres que son detenidas en los clubs por la policía española por no tener papeles. De mujeres víctimas de trata que van a ser deportadas. También habla de mujeres que, en Nigeria, ven como los vertidos del petróleo lo contaminan todo. Mujeres que tienen que caminar cada vez más distancia para obtener agua potable y que ven como su tierra está siendo devastada.
Naiyiria habla de estas mujeres pero no lo cuenta “todo”. Sólo relata breves fogonazos de sus vidas. Siguiendo a John Berger, diría que en este cuento importa mucho “lo no dicho”. Es quien lee quien puede quizás escuchar los silencios y, a partir de ellos, completar la historia de estas mujeres y reconstruir los hilos que conectan unas escenas con otras.
Naiyiria pretende que esa conexión se produzca, pero no desde la victimización. Las mujeres de Naiyiria resisten, revientan oleoductos allá y, acá, desarrollan estrategias para sobrevivir en un medio hostil.
He podido escribir este relato gracias a nuestra relación con mujeres y niñas nigerianas en Asturies. También gracias a investigaciones e informes de organizaciones que, como Women’s Link, llenan un vacío que nos permite conocer mucho mejor la experiencia migratoria de estas mujeres.

– ¿Cómo definirías Cambalache en pocas palabras?, ¿crees que estos dos libros podrían haber sido publicados en cualquier otra editorial?
Cambalache es un colectivo social que, desde hace catorce años, interviene sociopolíticamente desde Oviedo a través de un centro social autogestionado y tres líneas principales de trabajo, conectadas entre sí: el feminismo, las migraciones y la agroecología. Afortunadamente, hay un buen puñado de editoriales afines -hermanas- que también podrían haber publicado estos libros. Si Cambalache realiza una labor editorial es porque reivindicamos la producción y difusión de conocimiento “desde los márgenes”. No podemos ceder el monopolio del conocimiento a las academias y corporaciones. Los colectivos y proyectos sociales nos dotamos de herramientas para producir y difundir conocimiento autónomamente. Por eso editamos libros.

Sobre Pablo Sorozábal, autor de Lloro por King Kong

Pablo Sorozábal, la felicidad ininterrumpida

Santiago Alba Rico. Publicado el 29/05/2016 en Gara.

Resulta tan extraño como elocuente: si uno busca en la red rastros de la vida y de la obra de Pablo Sorozábal Serrano (1934-2007), apenas encuentra ninguno. Tras una larga búsqueda en la que tropiezo una y otra vez con su padre, el inolvidable maestro de la Zarzuela, doy con una carta al director publicada en “El País” en 1992, una breve necrológica de Rodríguez Tapia y la convocatoria a un homenaje que había de celebrarse –y se celebró, supongo– el día 22 de septiembre de 2009 en el centro cultural Nicolás Salmerón de Madrid. Esa convocatoria resume muy bien, por lo demás, la versatilidad y talento de un hombre que arrugó el ceño a la Fortuna e hizo un corte de mangas a la Celebridad, pero que nunca huyó de la felicidad. De hecho la buscó de manera polígama, políglota y politeísta.

La buscó a través del erotismo e imagino que dejó buenos y malos recuerdos en las mujeres que amó.

La buscó a través de la música, aunque de sus muchas composiciones (conciertos, dúos y lieder) muy poco se publicó en vida y nada se ha recuperado tras su muerte; y sólo se recuerda, si acaso, el extravagante y silenci