Archivo de la categoría: Editorial

Ama Ata Aidoo rompedora, profética y visionaria en “Nuestra hermana aguafiestas”

Por sfqu en 30 noviembre, 2018
Presentación de Nuestra hermana aguafiestas por Marta Sofía López. Librería “Louise Michelle Liburuak” (Bilbao)

Cuando a finales de los 70 se publica Nuestra hermana aguafiestas, concebida en los años 60, vieron la luz también, entre otras, Mi carta más larga de Mariama Bâ, A Question of Power de Bessie Head o Las delicias de la maternidad de Buchi Emecheta. Estamos en plena época descolonizadora (si atendemos a los tres países de origen de las escritoras, Ghana lo logró en 1957 mientras que Senegal y Nigeria en 1960). Eran tiempos en los que se vivía un optimismo generalizado, donde parecía posible que todo cambiara. Hasta que el globo fue desinflándose, mientras se escapaba para no regresar nunca más. De la desilusión tras estos procesos dio cuenta Ahmadou Kourouma en su obra Los soles de las independencias (1970).

Las mujeres escritoras africanas no comienzan a trasladar al papel sus historias hasta esa misma década: la de los 70 (Según la investigadora Inmaculada Díaz Narbona, el primer texto conocido de una mujer africana es de la camerunesa Marie Claire Matip, de 1958, aunque, “la crítica apenas si lo cita, e incluso los prestigiosos diccionarios de las obras africanas lo olvidan”). Soportaron dificultades obvias para poder ponerse frente al papel (más las que tuvieron después para que sus trabajos fueran considerados). Estas sus primeras obras son, ante todo, historias de la vida, de la vida vivida por las mujeres, optando por la autobiografía o el relato epistolar. Adentrándose y mostrando temas que les preocupaban en tanto mujeres que viven bajo un sistema patriarcal que mina y cerca sus expectativas, pero también como sujetos de una sociedad que lo sustenta y a la que muestran, a menudo, como objeto de críticas. Junto a ellas, Nuestra hermana aguafiestas supone también un punto de ruptura.

Marta Sofía López estuvo en Bilbao en la Librería “Louise Michelle Liburuak” el pasado 23 de noviembre para presentar una reedición de Nuestra hermana aguafiestas. Antes “Casa África” había publicado esta misma obra con traducción de ella misma, pero es un trabajo que hoy en día no se puede encontrar al estar descatalogado. La traductora y prologuista se mostró muy contenta con el mimo y el cuidado que ha dedicado la editorial Cambalache a la obra (añadir que dicha editorial pone a disposición del lector todo su catálogo bajo formato pdf.) y agregó que les costó bastante convencer a la autora, harta de autorizar traducciones y re-ediciones que nunca logran hacer que la novela reciba el reconocimiento debido. El resultado es poder tener a nuestra disposición, por una parte, una obra con acertado diseño y precisa edición y, por otra, un trabajo rompedor del que Marta Sofía se confiesa “enamorada desde los años 90” y que no ha perdido un ápice de actualidad.

Sin duda, “era importante dar visibilidad a esta obra y a su autora”. Ama Ata Aidoo figura como una de las grandes de las literaturas africanas (sobre su vida se puede visionar “The Art of Ama Ata Aidoo”), con una obra que nunca ha eludido la polémica o meter el dedo en la llaga, como lo muestra su obra de teatro Anowa, en la que pone sobre la palestra el doloroso tema de la participación de los propios africanos en la trata de esclavos.  Para Marta Sofía, fue una mujer que se anticipó a su tiempo y a la que considera “rompedora, profética y visionaria”. Y añade de manera rotunda en su prólogo que Nuestra hermana aguafiestas,la novela-poema de Aidoo es, con mucha diferencia, una de las obras más audaces, «modernas», visionarias y radicales que han surgido de África en la época de las postindependencias. O quizás la más.”

Lo de menos, en esta ocasión, es el argumento. Estamos ante una obra muy peculiar. No es fácil de definir, es un híbrido maravilloso en el que “Aidoo ya visionó que hay unas dinámicas de poder que van a ser muy difíciles de cambiar”. Como resumen, Marta Sofía elige esta frase “poder, chico, poder”, tanto en la dinámica norte-sur como en las relaciones entre los propios seres humanos.

Marta Sofía López leyendo “Nuestra hermana aguafiestas”

Nuestra hermana aguafiestas se considera un libro feminista. Ante esto la prologuista afirma: “El feminismo de Aidoo no es deudor de Mary Wolstonecraft, de Betty Frieddan o de Hélène Cixous. No arraiga en la Revolución Francesa, ni en el movimiento sufragista, ni en la «segunda ola». Es un feminismo afrocéntrico e innegociable”  Ama Ata Aidoo quien afirma “que aprendió sus primeras lecciones feministas en África” contrapone la ética “mujerista” (término acuñado por Alice Walker, que se puede resumir en que busca métodos para erradicar las desigualdades, no sólo para las mujeres negras, sino para todas las personas), según Marta Sofía, a través de dos personajes, dos tipos de mujer Sissie, mujerista, y Marija una alemana pequeño- burguesa e inculta cuyo “maternalismo” y condescendencia terminan por irritar a la narradora.

En este sentido, se ofrece un nuevo significado a la escena más importante de toda la obra: aquella en la que se encuentran ambas mujeres y que ha sido calificada como “velado lesbianismo”. “En mi opinión”, afirma Marta Sofía, “simboliza el desencuentro entre una mujer negra y una blanca”. Ella opina que no es una escena de rechazo sexual: “Tiene que ver más con la tendencia de considerar el «todas somos hermanas»… a lo que Aidoo contrapone: pero unas más que otras”. A la postre incide en la brecha entre las diversas maneras de pensarse como mujer. Así, Marta Sofía menciona el ibro de Ifi Adiume (Hijas que son varones y esposos que son mujeres, Bellatera y Casa África, 2018) sobre los roles de género. “La categoría género no es aplicable automáticamente ni funciona del mismo modo en todos los contextos”, explica, no hay que hacer aseveraciones tan universalistas y sí ser más humildes”.

Sobre la cuestión de si está o no basada en la propia vida de Aidoo, cree que “no se debe leer en clave autobiográfica” y advierte que aunque haya algunos paralelismos entre las vidas de la protagonista Sissie y de la autora (ambas reciben una beca para estudiar fuera del continente), no es su vida la que se muestra. A través de Sissie, Aidoo nos revela el desencuentro de la joven africana con este mundo occidental, deshumanizado, mísero e hipócrita. La voz de Sissie no es una voz victimista, al contrario, “se trata de una voz resiliente”. La novela propone un viaje a la inversa del formulado en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. “No es gratuita para nada la mención a los sepulcros blanqueados: «Bruselas, ciudad sepulcral»; «sepulcro blanqueado» es como aparece en la obra de Conrad esta ciudad europea”. Tal y como recoge Marta Sofía en su prólogo, “el personaje de Ama Ata Aidoo, igual que seguramente ella misma, fue capaz, como ciudadana del mundo, de entender y denunciar que los males del continente se gestan, y llevan siglos gestándose, en un millar de sepulcros blanqueados salpicados por todo el «Primer Mundo»”, Tras ese “manto blanco que cubre los horrores que hay detrás de la historia europea”.

Una Europa rapaz, protagonista de un auténtico saqueo no solo de los recursos naturales de África, sino también de sus recursos humanos. De ahí la “denuncia en la carta de amor, en realidad una carta de ruptura, a su novio”. El individualismo europeo “ha impregnado a las sociedades africanas”, añade Marta Sofía. Ante la “fuga de la gente mejor preparada”, Sissie afirma, como si se tratara de hoy mismo, que donde hacen falta los expertos, los cerebros, es en África y no en Europa.

———————————————

Nota: Marta Sofía López es Profesora titular del Departamento de Filología Moderna (Área de Filología Inglesa) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León, donde enseña estudios de género y literaturas postcoloniales. Ha dirigido el grupo de investigación internacional “Afroeurope@s: Culturas e Identidades Negras en Europa”. Es autora de múltiples artículos y ha traducido al castellano a autores como Ngugi wa Thiong’o,  Chinua Achebe, Ayi Kwei Armah o Ama Ata Aidoo.

Presentaciones de La Madeja nº 9: Fronteras

La palabra fronteras nos pone en alerta, nos avisa del precipicio. Si la vinculamos a los feminismos, la combinación nos resulta más perturbadora todavía. ¿Qué fronteras hay dentro de los feminismos?, ¿somos conscientes de todas ellas?, ¿estamos más sensibilizadxs con unas que con otras?, ¿por qué?, ¿son las fronteras intrínsecas a los feminismos? Éstas y otras preguntas, porque fronteras hay muchas, recorren este número de La Madeja que es en realidad ya el décimo.
[descargar en pdf]

Próximas presentaciones

Si tienes interés en organizar una presentación, ponte en contacto con nosotras: lamadeja@localcambalache.org

Ya la hemos presentado en:

Reseña en Rebelión de Vidas a la intemperie

Reseña de Vidas a la intemperie de Marc Badal (Pepitas de calabaza y Cambalache)
Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino
Marc Badal (1976) está empeñado en conjugar la teoría y la praxis de la agroecología, a la que ha dedicado ya varias obras. Vidas a la intemperie, editado por Campo Adentro en 2014, reaparece ahora de la mano de Pepitas de calabaza y cambalache con prólogo de Irene García Roces, y nos transmite el duelo por algo que se ha ido y a la vez una invitación a visitar las huellas que ha dejado, porque eso implica conocer nuestro origen y poner una base para lo que hay que construir. El volumen lo completa Mundo clausurado (2016), una mirada sobre la fractura histórica que supone el paso del agro diversificado y adaptado al medio al monocultivo. Son las plantaciones coloniales en América y Asia que hacen posible la modernidad capitalista, y hoy mismo, es la agricultura basada en petróleo y pesticidas químicos, que nos lleva a una “intoxicación permanente a través de un sistema productivo que se desarrolla sobre un medio aséptico y desinfectado.”La ciudad como sede del poder y de la cultura. El campo como territorio en extinción: “lo que se ve de soslayo desde la ventanilla para mantener la ficción de que existen ciudades distintas”, espacio colonizado espiritualmente por la televisión y la prisa, despojado de sus cadencias y sus liturgias. Marx y Engels predijeron que el mundo campesino caería arrollado por la industrialización. Hoy vemos la profecía cumplida, un etnocidio con rostro amable. Los urbanitas adoran sobre todo regresar en sus ocios a lo que ya no existe en parodias como el turismo rural: cuentos de la abuela, viejos recuerdos y repostería. Sin embargo, otros se empeñan en saber de aquel mundo complejo en equilibrio, dotado de sus propias leyes, en el que todo se aprovechaba y la variedad favorecía la supervivencia, en el que era costumbre deleitarse con los ritmos de la vida y con la obra bien hecha.

Pero el libro recoge otras ideas que las de Marx y Engels, proyectos que no fructificaron. Bakunin creía en el potencial de los campesinos rusos para protagonizar una revolución que impidiera el desarrollo en Rusia del infierno capitalista. Los naródniki intentaron en la década de 1870 el acercamiento al pueblo, pero encontraron desconfianza y hostilidad en exceso; la siguiente estrategia para despertar a las masas fue el terrorismo. Aleksandr Vasílievich Chayánov trató de reorganizar la agricultura rusa tras la revolución según un modelo cooperativista, pero en 1929 se impuso la gran colectivización; en 1932 es deportado a Kazajstán y en 1937 ejecutado. Ellos soñaron otros mundos, la pervivencia del campo, la salvación del hombre.

Echando la vista atrás, vemos que la Alta Edad Media se caracterizó por un vacío de poder hegemónico, y tal vez por eso fue la edad de oro del campesinado. El feudalismo pudo no ser tan malo. El desastre viene luego. Un listado de revueltas rurales en Europa desde el siglo XVII resulta abrumador, y hay que contar también con la protesta silenciosa y cotidiana, del furtivismo, por ejemplo. Resistencias frente al explotador, aunque los paisanos demasiadas veces fueron utilizados por los sectores más reaccionarios en sus luchas contra la revolución. Sin embargo, su conservadurismo no era el de los poderosos, sino sólo el de quien pretende mantener a flote su propio mundo. Los sueños truncados los llevarán a pactar con los señores pequeñas mejoras, un reformismo de supervivencia.

La literatura con frecuencia tiende a idealizar la vida rural, de los clásicos griegos y latinos al campo patriarcal, donde armonizan las clases, de los realistas conservadores como Pereda, pasando por La Arcadia de Lope o el discurso a los cabreros del Quijote. Otras veces, enfrentado con la dura existencia de la aldea, un escritor siente como propio el drama que contempla; es el caso de Cristo se detuvo en Éboli de Carlo Levi o Gente de las pusztas del húngaro Gyula Illyés, y poetas como Fred Kitchen o Stephen Duck . No faltan tampoco autores que reflejan la visión distorsionada que las clases dominantes tienen del paisano, inculto y egoísta, como ocurre en Balzac, Zola o Maupassant.

Tras la barahúnda de las miradas sobre el campesino, el libro trata de explorar también cómo se veía él a sí mismo. Conscientes de ser la base de la pirámide social, alimentando a todos y a todos sometidos, se sentían inferiores, vulnerables, las vidas a la intemperie del título. Atados al terruño, inervaciones del páramo o la dehesa, ellos dieron forma a un mundo que sólo recorrían cuando eran reclutados como carne de cañón para los ejércitos. Bosques, caminos, praderas y puentes son su obra anónima en la que no los reconocemos. Vivían sumergidos en lo que nosotros llamamos el paisaje, y que ellos percibían como parte de sí, atentos a signos que marcaban los ritmos de la vida y la muerte, la cosecha y el hambre, tan simples como una nube o un brote en la tierra. Los conceptos de lo bello y lo útil no se habían escindido aún en ellos.

Su conocimiento se basaba en la observación, con todos los sentidos, de la naturaleza y la labor de los mayores, y era capaz de hallar en el acervo de la experiencia colectiva pautas para guiarse en el arriesgado oficio de reproducir la vida; pistas y patrones, pero nunca certezas:”se dice que …”, “muchas veces ocurre así…” Y cuando todo es oscuro, la superstición crea máscaras de seguridad a las que aferrarse. La vida campesina muestra con frecuencia un aliento de auténtica comunidad, de existencia compartida, en trabajos y cosechas, en fiestas y rituales, aunque el orden social a veces degenere en espantos como lo que nos narra Ismail Kadaré, en Abril quebrado; muerte y venganza repetidas en un duelo sin final.

Somos los hijos de los que se fueron sin escribir su historia, dejándonos apenas un esbozo de sus representaciones del mundo. En Vidas a la intemperie la memoria y la mirada se entrecruzan para tejer el retrato de algo perdido que necesitamos recuperar porque nos va la vida en ello, un lugar donde, con todos sus pesares, el trabajo era armonioso y se ceñía a los ritmos de la naturaleza: “Las canciones de labranza de los campesinos de Tivissa (Tarragona) presentaban una configuración musical muy parecida a las que cantaban las madres para acunar a sus criaturas. Labrar la tierra y mecer la cuna eran dos actos de una intimidad equiparable. El campesino mostraba al cantar cómo vivía su relación con la tierra. La despertaba del sueño veraniego con el mismo tacto con que una madre duerme a su pequeño”

Reseña en Rebelión

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Presentaciones de Vidas a la intemperie

Autoría: BADAL, MARC
Editan: Pepitas & cambalache

Vidas a la intemperie nos habla de la pérdida de un mundo, el campesino, compuesto por muchos pequeños mundos que, como Marc Badal advierte, se han ido alejando de nuestras latitudes en silencio, víctimas de un «etnocidio con rostro amable». El texto defiende la necesidad de recuperar las «ruinas que explican nuestro tiempo», cuestionando la mirada sobre el mundo rural que se produce desde los grupos normativos, aquellos que pueden generar normas y representaciones colectivas con mayor eficacia. Se propone ampliar la perspectiva «urbana desde la que se ha escrito la historia» y que ha definido «lo relevante y lo memorable». En este sentido, nos invita a un viaje al pasado que nos permite comprender un presente en el que nos hemos quedado huérfanas.
(Del prólogo de Irene García Roces)

Próximas presentaciones:

  • el 16 de junio a las 11.45h en la Feria del libro de Gijón (carpa 2)

Se ha presentado ya en:

Si tienes interés en organizar una presentación, ponte en contacto con nosotrxs: cambalache@localcambalache.org

Presentaciones del nº 8 de La Madeja: Sexualidades

Después de haber buceado en nuestros miedos, teníamos ganas de un número más alegre y disfrutón. Decidimos entonces abordar las sexualidades –en plural, porque, como nosotras, son diversas– intentando dejar a un lado sus sombras y centrándonos más en el placer, el goce, el erotismo; reivindicando unas relaciones basadas en el consentimiento, el diálogo y el respeto. Pero las sombras se han negado a irse y, una vez que nos ponemos a darle vueltas a la sexualidad, aparecen, una y otra vez. Hay ganas de hablar, aunque también asusta. A quién no le cuesta desnudarse si no hay intimidad, confianza, seguridad… Hablar de sexualidades es abrir una caja de pandora, que nos trae placeres y dolores, y nos enseña que también en esto tenemos que acompañarnos, con cuidado, para aprender juntxs. [descargar en PDF]

Si tienes interés en organizar una presentación, ponte en contacto con nosotras: lamadeja@localcambalache.org

Ya la hemos presentado en:

 

13ª Feria del libro de Cambalache

[descargar programa en pdf]

sábado 4 de noviembre a las 19h
Presentación de la 13ª feria del libro con proyección documental: Gurumbé. Canciones de tu memoria negra (2016, 72’). Con Miguel Ángel Rosales (director).

viernes 10 de noviembre a las 19h
Charla-debate Tres miradas mujeristas: Aidoo, Emecheta y Nsue, con Marta Sofía López.

viernes 10 de noviembre a las 21h
Presentación del libro de relatos El bombero de Pompeya  (Libros de la Herida, 2017) + pincheo, con Miguel Ángel Argüez (autor) y del poemario Escalones que descienden hacia arriba (Luces de Gálibo, 2017), con David Eloy Rodríguez (autor). [+ pincheo]

el sábado 11 de noviembre a las 12h
Actividad infantil. Encuentro con los libros: La  pequeña gran aventura de la araña Juliana y El libro de los deseos, ambos editados por Libros de la Herida, con David Eloy Rodríguez y Miguel Ángel Argüez (autores).

el sábado 11 de noviembre a las 19h
Presentación del libro: Trincheras permanentes. Intersecciones entre política y cuidados. Con Carolina León (autora).

el sábado 11 de noviembre a las 20.30h
Presentación de la revista feminista La Madeja nº 8: Sexualidades (Cambalache, 2017). Con Irene García Roces, Inés Herrero Riesgo e Irene S. Choya (editoras). [+ cena de traje]

el jueves 16 de noviembre a las 19.30h
Presentación del libro: Las falsas promesas psiquiátricas, La Linterna Sorda, 2017. Con Guillermo Rendueles (autor).

el viernes 17 de noviembre a las 20h
Presentación del libro: Cervantes libertario (Corazones Blindados y Fundación Anselmo Lorenzo, 2016) y Los dibujos del paraíso de las islas. Una utopía libertaria en imágenes OP (CEDCS – VP/Fulminantes, 2015). Con Emilio Sola (autor).  

el sábado 18 de noviembre a las 19h
Encuentro con Pepitas de Calabaza editorial.

el sábado 18 de noviembre a las 20.30h
Presentación del libro: Vidas a la intemperie. Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino con Marc Badal (autor). [+ pincheo]

el sábado 11 de noviembre a las 22h
Concierto: Antón Menchaca (presentación nuevu discu)

el domingo 26 de noviembre a las 12h en el Teatro Filarmónica
Cierre de la 13 ª Feria del libro. Teatro: Catalina y los bosques de hormigón. La Vereda Teatro.

 

Presentaciones del nº 7 de La Madeja: Miedos

portadamadeja7El número 7 de La Madeja es un monográfico sobre miedos. ¿Cuáles son los miedos que sentimos? ¿Por qué? ¿Qué nos quieren decir? ¿Qué hacemos cuando los sentimos? ¿Cómo los manejamos? ¿Qué tienen que ver los miedos con el poder? ¿Por qué reflexionar sobre ellos desde los feminismos?  Para darle vueltas a estas preguntas, la lectura y el encuentro, el diálogo.

Si tienes interés en organizar una presentación, ponte en contacto con nosotras: lamadeja@localcambalache.org

La Madeja nº 7 Miedos se ha presentado en:
el local cambalache (Oviedo)
la Libélula Huerta (Avilés)
La Revoltosa (Gijón)
Bakakai (Granada)
Traficantes de Sueños (Madrid)
La Repartidora (València)
La Llocura (Mieres)
La Libre (Santander)
Louise Michel (Bilbao)
La Semiente (L’Entregu)
Biblioteca municipal de Binéfar (Huesca)
CSA Kike Mur (Jornadas Anarcofeministas de Zaragoza)
DeTacón (Huesca)
La Otra (Valladolid)
Sestaferia (Gijón)
La Casa Azul (Navia)
Ítaca (Murcia)
La Tejedora (Córdoba)
Sukubo (Gasteiz)
Encuentro con Pikara Magazine: Lo editorial como acción política desde el feminismo (Bilbao)
CSA La Teixidora (Barcelona)
Ret-Marut (León). Organiza: Femicletacción
Charla: Dándole vueltas a los amores, dentro de las Jornadas Marcando Pezón (Valladolid)
local de la CNT de Almería
CS A Galleira (Ourense)
CS A Cova dos Ratos (Vigo). Organizan: Nós Mesmas e PFG.
libraría Lila de Lilith (Compostela)
CS A Comuna. Organiza: Revirada Revista Feminista.
Taller Bohemia (Majadahonda). Organiza: Colectivo MuMa
Fantabulosa, Feria del libro itinerante (Ribadesella)
Jornadas Octubre Rojinegro (Granada)

Presentaciones de En mar abierto y Naiyiria

Aquí podréis encontrar las próximas presentaciones de la novela En mar abierto y del relato ilustrado Naiyiria.

[Podéis saber más si leéis esta entrevista hecha por Marcos Díez para el diario.es, esta otra de Patricia Simón para Atlántica XXII o la publicada en Diagonal, así como si le escucháis en Radio 3 Coordenadas o en Hala Bedi Irratia. También leyendo la reseña de Emilio Sola en el Archivo de la frontera]

portada-Mar-abiertoNaiyiria-web

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya se han presentado aquí:

Próximas presentaciones del nº 6 de La Madeja: Cuidados

portada_Madeja6El último número de La Madeja es un monográfico sobre cuidados. 

Si tenéis interés en organizar una presentación, ponte en contacto con nosotras: lamadeja@localcambalache.org

Lo hemos compartido ya en el T.C.A.T Fuerte Fest (Zaragoza), en nuestro local en Oviedo, en La Revoltosa (Xixón), en OIHUK y Pikara (Bilbo), en el CSA Jaén en Pie invitadas por Comando Sororidad, en La Semiente (L’Entregu), en la librería Bakakai (Granada), en Sukubo (Gasteiz), en La Libre (Santander), en el local de CNT (León) invitadas por Femicletacción, en las I Jornadas de mujer y desigualdad en Llanera, en La Fábrica (Mieres), en La Mala Mujer (Madrid), en Taller Bohemia (Majadahonda) invitadas por el colectivo MuMa,  en La Villana de Vallekas (Madrid), en el Wash-bar Gondomatik (Valladolid),  en la librería La Rossa (Valencia),  en la Feria del libro feminista de Alacant, en La Fuga (Sevilla), en el Ateneo Cultural Ecijano (Écija), en La Casa Azul (Navia), en Ítaca (Murcia), en Aldea de San Miguel (Valladolid), en La Ele (Barcelona) y en La Mínima (Málaga).

También puedes escucharnos en Coordenadas (Radio 3) a partir del minuto 47′ o leer un artículo publicado en Último Cero.

La Madeja estará en el T.C.A.T Fuerte Fest (Zaragoza)

final2

El viernes 6 de noviembre de 2015, a las 20h, Ana García Fernández e Irene S. Choya presentan el último número de La Madeja: Cuidados. Y el sábado 7, en sesiones de mañana y tarde, Irene S. Choya coordina una nueva edición del taller: Investigando lo invisible. Amores (y desamores) en los movimientos sociales. Todo ello dentro del T.C.A.T Fuerte Fest, organizado por el Taller de Cuidados y Análisis de Textos Feministas, en el CSO Kike Mur (Zaragoza).

 

CARTEL HORARIO byn-01

Reseña sobre ‘Paremos los vuelos’

Los vuelos de la vergüenza. Sobre los vuelos de repatriación forzosa de inmigrantes

134 vuelos, 3.373 personas. Estas son las cifras que se daban a conocer el mes pasado en el informe anual que recopila la Defensora del Pueblo en su función de Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP): en 2014, el Ministerio del Interior fletó, en solitario o en colaboración con Frontex (Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores) un total de 134 vuelos de deportación de inmigrantes. Tras ellos, 3.373 historias de acoso racista, abusos policiales e institucionales, de proyectos de vida hechos añicos y de amistades y familias separadas de la noche a la mañana.

La mayoría de estos vuelos (99 de ellos) fueron a Ceuta y Melilla, desde donde se les expulsó a Marruecos. De los restantes, 17 vuelos fueron organizados conjuntamente con Frontex con destino a Pakistán, Georgia, Macedonia o Albania, y los otros 18 expulsaron a unas 700 personas principalmente a Malí, Senegal, Nigeria, Colombia o Ecuador.

Otro dato “curioso” es que España es el Estado que más vuelos ha organizado con Frontex desde 2010, cuando comenzó esta colaboración. En esos cinco años hasta finales de 2014, han sido 31 vuelos, la mayoría a Latinoamérica y a Georgia y Ucrania. Una cifra muy alejada del siguiente país de la lista, Italia, que a pesar de haber recibido casi veinte veces más inmigrantes, “sólo” fletó 18 de estos vuelos con Frontex, todos ellos a Nigeria.

Pero tampoco olvidamos que la vía aérea no es la única vía de deportación: en total, a la cifra inicial hay que sumar otras 8.444 personas expulsadas, un total de 11.817 personas en el año 2014 expulsadas por tierra, mar y aire.

Lo que ocurre en los vuelos

deportados_guateDejando de lado las cifras, todo lo que respecta a los vuelos es tratado con sumo secreto. Las compañías aéreas que operan estos vuelos han firmado previamente un compromiso de silencio con el gobierno que les prohíbe divulgar, fotografiar o grabar nada de lo que ocurre en el interior. El informe de la Defensora del Pueblo tampoco menciona nada al respecto, a excepción de algunas recomendaciones como que haya médico e intérprete en los vuelos, reconocimientos médicos, o que se graben los operativos en expulsiones “conflictivas”. De lo que no habla el informe es de la violencia y abuso policial que tienen lugar en los vuelos de deportación según multitud de testimonios de personas deportadas por este medio.

Desde el momento en que la policía congrega a las personas que van a ser expulsadas, algunas de éstas se resisten e incluso se autolesionan para ganar tiempo y evitar la deportación. Ante esto, la policía no duda en recurrir a la fuerza o directamente a la sedación forzosa, que también es utilizada en ocasiones una vez subidos/as al avión.

Las personas repatriadas son trasladadas a furgones policiales con las manos engrilletadas con una especie de cuerda negra, que puede ser sustituida por esposas si la resistencia es mayor. Otra práctica empleada sobre los/as inmigrantes que continúan resistiéndose es la de rodearles el cuerpo con una “cinta reforzada”, una especie de cinta aislante fuerte, con la que les atan como a una momia y les llevan directamente a cuestas.

Del furgón, por lo general, pasan directamente al avión, evitando ser vistos/as por viajeros/as o trabajadores/as que se encuentren en el aeropuerto. De nuevo la policía emplea la fuerza necesaria para obligarles a subir. El número de policías al menos iguala al de personas deportadas, sentándose intercalados/as policía-deportado/a en el avión. Algunos de los testimonios mencionan gritos, vómitos provocados y golpes con un guante negro reforzado en los nudillos, por parte de la policía. En abril de este año, se hizo público un vídeo grabado por pasajeros/as de un vuelo comercial en el que la policía deportaba a un inmigrante dominicano. Al presentar resistencia y comenzar a gritar (en este tipo de vuelos, el capitán puede negarse a volar llevando a alguien contra su voluntad), una policía antidisturbios de paisano comienza a golpearle con saña portando dicho guante negro. A pesar de verse la escena claramente en el vídeo, la única consecuencia fue una investigación policial para estudiar si la actuación “fue proporcionada”.

Y es que todas estas prácticas están amparadas en el protocolo de actuación durante los dispositivos de repatriación, que legaliza las sedaciones forzosas (siempre y cuando sean aprobadas por el/la médico del dispositivo, es decir, un/a funcionario/a de la policía), la mencionada cinta reforzada, o el uso de la violencia (“proporcionada”, claro…). Lo más sádico de todo esto es que este protocolo se presentó en 2007 como una medida para garantizar los derechos humanos, tras la muerte a bordo de un vuelo de deportación Madrid-Lagos del nigeriano Osamuyi Aikpitanyi, provocada presuntamente por asfixia debida a la cinta que amordazaba su boca.

Deportaciones exprés

En contra de lo que se pudiera suponer, no todas las personas repatriadas pasan previamente por un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros). Para la mayoría, la confirmación de su expulsión forzosa llega en los calabozos de comisaría horas antes de embarcar (en 2013, se produjeron 1.736 repatriaciones más desde comisarías que desde CIE). Son las conocidas como deportaciones exprés, llevadas a cabo en menos de 72 horas y sin ningún tipo de intervención jurídica.

El aumento de esta práctica en los últimos años está precisamente relacionado con los vuelos de deportación: cuando se programa un vuelo a un determinado país, los días antes se pone en marcha una persecución de las personas de dicha nacionalidad mediante redadas racistas para llenar al máximo posible las plazas del vuelo.

Las personas detenidas de esta forma no tienen ninguna posibilidad de demostrar su arraigo, inserción laboral, social y familiar, aspectos que en muchas ocasiones serían legalmente suficientes para frenar la deportación.

El negocio

vuelosverguenza_Detrás de todo este tinglado nos encontramos a las empresas adjudicatarias del contrato de los vuelos de deportación: Air Europa y Swift Air. Desde 2013, estas dos compañías aéreas son las que ejecutan los vuelos, tras firmar con el Ministerio del Interior un contrato de 12 millones de euros en 2013 hasta 2015, y este año un nuevo contrato de 11 millones hasta 2016. El contrato detalla además que el importe que finalmente se facturará a la empresa adjudicataria “será el que resulte del gasto real producido en función de los servicios efectivamente prestados”.

Este no es el único contrato con la Administración del que disfruta Air Europa: en 2013 la empresa firmó con el Ministerio del Interior un acuerdo marco para el transporte aéreo de personal a zonas de operaciones, ejercicios u “otro tipo de actividades”, valorado en 30 millones de euros, según la Plataforma por el Cierre de los CIE.

A los intereses del grupo Globalia, del que forman parte Air Europa y Swift Air, en los vuelos de deportación, se suman los de agencias como Halcón Viajes o Viajes Ecuador, operadores turísticos como Travelplan o Latitudes, empresas de asistencia en tierra, transportes terrestres, hoteles, etc., que prestan servicio de una u otra forma en el transcurso de estos vuelos de la vergüenza.

Para profundizar en el turbio negocio de estas compañías recomendamos la lectura del libro “Paremos los vuelos. Las deportaciones de inmigrantes y el boicot a Air Europa”, reseñado al final de este artículo.

Algunas referencias de cara a lucha contra el racismo institucional

Los vuelos de deportación son sólo una pequeña parte de todo el conjunto de medios que despliega el Estado en la persecución de las personas inmigrantes: vallas y concertinas, patrullas fronterizas, redadas racistas, centros de internamiento de extranjeros…

Numerosos colectivos llevan años luchando contra todo esto, dando a conocer una realidad totalmente invisibilizada en los medios de masas y organizando campañas, acciones y manifestaciones de distinto tipo. Queremos dar a conocer algunas de ellas con el fin de llamar a la solidaridad y a continuar la lucha hasta que CIEs, redadas y vuelos sean algo impensable.

  • En cuanto a la lucha por el cierre de los CIE, recomendamos el blogwww.cerremosloscies.wordpress.com, que recoge gran cantidad de materiales e información en el marco de la campaña Cerremos los CIE de la asociación Ferrocarril Clandestino, y también, desde Valencia, el blog ciesno.wordpress.com.

El pasado 15 de junio se celebró el Día Mundial Contra los CIE. Durante toda esa semana tuvieron lugar distintas convocatorias tanto culturales o festivas como reivindicativas. En Madrid, Barcelona y otras ciudades la semana culminó el sábado 20 de junio con una manifestación por el cierre de estos centros. Puedes ver las acciones realizadas en todo el mundo en www.15jdiacontraloscie.wordpress.com.

  • Las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos (www.brigadasvecinales.org) observan, vigilan, documentan y visibilizan desde hace años las redadas policiales racistas que tienen lugar en los barrios con alta población migrante.

  • La organización SOS Racismo (www.sosracismomadrid.es) lleva más de veinte años organizando distintas campañas contra todas las formas de racismo que ejerce el Estado, además de prestar atención jurídica y psicológica, talleres formativos, etc.

  • Sobre los vuelos de deportación, el blog www.stopdeportacion.wordpress.com, integrado en la campaña por el cierre de los CIE, recopila todo tipo de noticias, análisis y convocatorias relacionadas con los vuelos de la vergüenza. En este sentido destacamos la campaña de boicot a Air Europa, con concentraciones en los aeropuertos previas a vuelos de deportación, manifestaciones a distintas sedes de la compañía, etc.

Paremos los vuelos. Las deportaciones de inmigrantes y el boicot a Air Europa.

Ensayo. Editorial Cambalache. 2014. 112 páginas.

PortadaParemosLosVuelosPara finalizar, recomendamos la lectura de este libro publicado el año pasado que recoge un análisis del perverso y millonario negocio de los vuelos de deportación en elLos vuelos de la vergüenza.

Cada año, el Estado español fleta más de cien vuelos de deportación para la expulsión de miles de personas migrantes. Las compañías aéreas Air Europa y Swift Air han firmado con el Ministerio del Interior un contrato de 24 millones de euros para la realización de los vuelos de deportación entre los años 2013 y 2015. La Campaña Estatal por el Cierre de los CIE y otros colectivos contra las fronteras hacemos un llamamiento al boicot a estas dos compañías aéreas y a todo el grupo empresarial Globalia, al que pertenece Air Europa.

Nos negamos a naturalizar los vuelos de deportación, nos negamos a que formen parte de nuestra normalidad. La lucha por evitar que dispositivos represivos tan atroces se conviertan en normales va mucho más allá de la política de extranjería. Frente a un universo de relaciones económicas, sociales y políticas que permite encontrarle un lugar –aunque oscuro y tenebroso– a los Centros de Internamiento y a los vuelos de deportación; frente a una realidad sociopolítica en la que se han hecho posibles, a la luz del día, las redadas racistas y las alambradas, debemos construir las condiciones para que cada uno de estos actos –y con cada uno de ellos el conjunto de la política migratoria– sean, directamente, inimaginables.

Ver en Todo por Hacer

Reseña sobre ‘La mancha de la raza’ en Todo por hacer

la_mancha_grandeDe la mano de la editorial Cambalache, como parte de la colección Inmigración de la misma, nos llega este regalo literario que se titula La Mancha de la Raza, de Marco Aime. A pesar de que sea su primera obra narrativa traducida al castellano, la trayectoria literaria de este antropólogo y escritor italiano se remonta a años atrás. Es autor de varias otras obras y numerosos ensayos antropológicos que tratan cuestiones como el relativismo cultural, el error conceptual de identificar raza con cultura, la etnización de conflictos, las retóricas políticas derivadas de la excesiva atención a ladiversidad y otras cuestiones entrelazadas.

El texto es acompañado por un prólogo introductorio de Eduardo Romero, autor de varios ensayos de esta misma colección, y el prefacio del antropólogo y etnólogo Marc Auge, autor del concepto del no lugar.

Las ideas que se pueden encontrar entre los ensayos de Aime, han sido  plasmadas en este libro a través de un lenguaje más desnudo, más accesible para la lectura común. Han contribuido a difundir la reflexión sobre cómo nuestra mirada, inevitablemente etnocentrista y llena de (pre)juicios, acaba sirviendo, entre otras cosas, como prueba de cargo para legitimar sentencias sobre la identidad y políticas de exclusión, discriminación y eliminación -a veces incluso física- del  denominadootro/otra.

El libro se presenta en formato epistolar y, a través de la carta, el autor se esmera en explicar a Dragan, un niño rumano, un niño migrante, el sinsentido de nuestro cinismo, nuestro temor ante lo que somos, transitando la memoria de lo que hemos sido. Es un grito literario a pecho abierto; una llamada a comprender(se) con ánimo de transformar así nuestras relaciones fragmentadas en una sociedad cambiante, diversa y globalizada.

La carta que le escribe Marco Aime a Dragan no es una epístola dedicada únicamente a Dragan. Es un mensaje a todos y todas las que representan lo que desde antaño se ha calificado como extranjero, como extraño, como el otro/otra; como el antiguo hostis. Pero, sobre todo, es una invitación obligada a un ejercicio de memoria a l@s que hemos contribuido a la construcción de dicho término como categoría. Categoría de conveniencia, con definiciones fetiches y exóticas cuando viajamos y con adjetivos miserables y derivados del miedo, que pretendemos justifiquen nuestra discriminación y políticas de exclusión, cuando estamos en casa.

A través de esta carta, también se interpela a aquella izquierda que, -inconsciente o no- reacciona ante el fascismo de la guerra cuando las muertes se suceden en Europa y en Estados Unidos, pero asume que la masacre forma parte de una normalidad en el sur. Habla de cómo naturalizamos la miseria como si fuera parte de ciertas comunidades étnicas. Habla de cómo etnificamos la barbarie, “ni siquiera muertos somos iguales”,nos recuerda.

Y sabemos que tiene razón el autor cuando escribe: “No tenemos tiempo para recordarlos a todos. Hay quienes son más muertos que otros”. Esto lo supimos claramente en el 11S y en la intervención militar posterior, sin embargo, lo seguimos viendo a diario. Vemos cómo la vida de doce franceses vale días de portadas en los medios internacionales y merece conmemoraciones ostentosas, y vemos cómo los intelectuales ofrecen análisis profundos sobre sus muertes, mientras que las muertes en masa de la infancia en Nigeria, en  Siria, provocadas por un fascismo análogo que se expande, no albergan sino unas pocas publicaciones en las redes sociales y pequeños medios preocupadas de su difusión. Porque es normal que mueran en África o en Oriente, pero es inaceptable que mueran aquí.

Marco Aime, cuando escribe, se expone y se confronta con su verdad, con “nuestra verdad”. La mira a los ojos, y descubre lo que ocultamos bajo nuestro desprecio. Sabe que aquella imagen que tenemos del extranjero, de Dragan, no deja de ser una proyección: son nuestras debilidades, nuestra vileza, nuestra incapacidad de incluirnos en un mundo mucho más grande que nuestras ideas amuralladas. Sabe que nuestra mirada discriminatoria acaba convirtiéndose en nuestra propia jaula.

La mancha de la raza. Carta a un niño rumano no es sólo una carta a un niño rumano. Es nuestra verdad. Aquella verdad que nos deja con la incómoda sensación de que mientras que no haya transformación, nos quedará la incertidumbre de no saber si somos seres racistas, abiertamente crueles y cómplices;  o somos el legado de aquel gran concepto de Hanna Arendt: un mero producto de la banalidad del mal que no se responsabiliza de ser eslabón en esta cadena.

Ver en Todo por hacer

 

1ª Feria del Libro Anarquista en Asturias

Los días 4, 5, 6 y 7 de septiembre estaremos en la 1ª Feria del libro anarquista en Asturias en los bajos de la Casa del Pueblo de la CNT (Xixón).

El viernes 5, a las 19, estaremos presentando la editorial cambalache y los libros: Mi guerra de España, de Mika Etchebéhère y Paremos los vuelos. Las deportaciones de inmigrantes y el boicot a Air Europa. Campaña Estatal por el Cierre de los CIE.

El sábado 6 abriremos en nuestro horario habitual de mañana (de 11 a 13:30h) pero por la tarde cerraremos para poner el puesto de libros en la Feria.

Por otra parte, la organización de la Feria o, más concretamente, el espacio en que se celebrará, ha suscitado las críticas de distintos colectivos. Esas críticas se han transmitido en forma de carta que también adjuntamos respondiendo a la petición de difusión que nos hacen llegar.

carta crítica

Presentación del libro Mi guerra de España en León

presenta A4Presentación del libro Mi guerra de España, de Mika Etchébère, el 5 de junio de 2014, a las 19h, en el CCAN (León). Organizan: Femicletacción y Librería asociativa Louise Michel.

Mi guerra de España. Mika Etchebéhère. Ilustraciones, diseño y maquetación de Amelia Celaya.

Mika Etchebéhère buscaba desde hacía mucho tiempo, quizá desde siempre, un lugar donde hacer realidad sus ansias de lucha y cambio social, y lo encontró en las trincheras de un país en guerra. Se unió a las miles de personas que recorrían el territorio de la esperanza atravesado por la muerte y el miedo. Vivió el día a día de los asedios, el hambre y la miseria de la contienda; pero también la solidaridad y la alegría de saber que su esfuerzo podía transformar el mundo.

[…] vinimos a buscar en España lo que creímos hallar en Berlín en el mes de octubre de 1932: la voluntad de la clase obrera de luchar contra las fuerzas de la reacción que se volcaban en el fascismo.

Mi guerra de España es el relato de una mujer que asume, con dudas y contradicciones, un papel que no le estaba reservado a ninguna: convertirse en capitana de una columna de milicianos del POUM. Su narración –directa, sincera y humilde– nos transporta a un pasado en el que no podemos dejar de mirarnos.

512 páginas (2014) Cambalache [precio: 22 euros]

Cambalache estará en la Feria del libro de Gijón

Isolated open book

Isolated open book

Desde el jueves 6 a las 11h. hasta la tarde del domingo 9 de junio, en el Paseo de Begoña, Cambalache estará en la Feria del Libro de Gijón 2013.

Además de una caseta con libros de la editorial y la librería asociativa, organizamos las siguientes presentaciones:

jueves 6
• 18:30h. Publicación periódica feminista
La Madeja nº 3. Paisajes. Presenta: Irene S. Choya.
• 19.30h. Ecología sobre la mesa. Presenta: Eva Martínez.
• 20h. De la poesía. Presenta: T.S. Norio.

v
iernes 7
• 18h. Cosas que sucedieron (o no). Presenta: Irene S. Choya.

s
ábado 8
• 20h. ¿Qué hacemos con las fronteras? Presenta: Eduardo Romero.

En primera persona: historia de un diá-logos (La Madeja nº 1)

Lorena Fioretti

Esta sección que hemos denominado en primera persona es, desde siempre, un diálogo, porque creemos que todo saber, es decir todo logos, se construye a partir de un encuentro. Pero este saber ha sido, en general, construido en la tradición occidental a partir de la separación sujeto-objeto: hay alguien que desde una «distancia óptima» tiene el poder de nombrar la realidad de otras personas. Creemos que es necesario desarticular estas relaciones, acortar distancias, mezclarnos, difuminar fronteras. Alzar la voz.

Desarticular esas distancias implica conocer el lugar desde el que hablamos. Quien escribe estas palabras, acoge las palabras de otras desde su propia experiencia migrante. ¿Existe por ello alguna diferencia? Como en todo encuentro, se juegan siempre procesos de identificación que, claramente en este caso, tienen que ver con la situación de emigrar/inmigrar. Pero creo que estos procesos son siempre parciales; así, con algunas personas comparto la experiencia siempre singular del «destierro» y con otras, la de ser mujer, trabajadora, latinoamericana, estudiante, etc. ¿Cómo influye esto a la hora del encuentro? No lo sé. Pero en todo caso, lo importante es el hecho de que toda palabra supone una demanda de atención, de reconocimiento, de amor; implica a alguien que sostenga esa historia desde la escucha, porque la palabra dada como un don siempre supone un entre-dos. Esa es la posición que intenté ocupar.

Y en este hacer-nos, es decir, nombrarnos colectivamente, nos preguntamos dónde queda el nombre, nuestro nombre. Si los saberes son construidos a partir de las generalizaciones, de lo estadísticamente significativo, nosotras queremos saber de lo particular, de las historias singulares en las que estamos enredadas. Por ello, creo que los nombres propios importan ya que nos muestran cómo cada una, frente a la realidad en la que vivimos, intenta, a su manera, transformarla. Pero pensamos también que es necesario cuidarnos frente a una realidad en la que las situaciones de discriminación y persecución se extienden cada vez más. Por esto optamos por el anonimato, insistiendo en la importancia que cada una de estas historias tiene para nosotras.

Compartamos entonces tres historias, tres soledades, tres proyectos de vida, tres realidades distintas.

¿Por qué decidiste emigrar?

Soy una persona que trabajé desde los siete años en el campo porque mis padres eran campesinos. Cuando tenía 12 años, un hombre dueño de una de aquellas fincas se enamoró de mí, pero él era un hombre viejo. Mi padre estaba de acuerdo con todo porque había dinero. Entonces a los 14 le dije a mi madre que me iba a vivir a la ciudad, ella me dijo que se iba conmigo. Las mujeres de antes no eran como ahora, aguantaban más. Mi padre dijo que todos nos íbamos juntos a la ciudad, pero que mi hermana y yo –las mayores– teníamos que empezar a trabajar afuera. Empecé entonces a trabajar en casas. A los 15 años conocí a un chico y me enamoré, pero mi padre estaba obsesionado con otro hombre que tenía dinero, pero yo le dije que no. Entonces mi padre me echó de casa. Vivía sola y trabajaba en casas de familia.

Proyecto migratorio

Un día le conté a un amigo que estaba muy aburrida, dormíamos malamente, sin cama, sin nada y yo quería ver a mi mamá bien. Ella había sufrido muchísimo toda la vida, yo quería ayudarla, pero no me alcanzaba. Él me contó que tenía dos primas en España que trabajaban en casas de familia y que les iba muy bien. Nunca en la vida había pensado en salir de Colombia, era muy inocente, no se me ocurría esa posibilidad. Yo tenía para ese entonces 19 años. Supuestamente venía a trabajar en una casa de una señora en Madrid.

Experiencia migratoria real

Me dieron una dirección. Aquí me recibió un hombre español, me subió a un coche, habló con alguien por teléfono y le dijo cómo era. Ahí me di cuenta que me llevaban a un puticlub y dicho y hecho, me llevaron para La Felguera. Todas éramos jóvenes y extranjeras. Cuando llegué me quitaron los papeles y me dijeron que hasta que no terminara de pagar la deuda no me los darían. Esa misma noche me pusieron a trabajar. Fue horrible, nunca se me olvidará el primer día. Todas las mujeres lloraban, pensaban que venían a trabajar normal. Vivíamos en el mismo club y trabajábamos todos los días. Se quedan vigilándote para que no vayas a contar nada, pero yo me atreví. Cuando terminas de pagar la deuda, te devuelven el pasaporte, pero si te escapas antes ellos te matan a alguien en Colombia, a algún familiar. Un día vino al club un cliente que era muy joven y nos enamoramos de verdad. Él me ayudó a conseguir un trabajo de camarera en un hotel. Yo no podía trabajar en la barra porque no sé leer y escribir. Allí conseguí mis papeles y tengo mi nacionalidad española.

Relaciones afectivas

Con las chicas del club muy bonito, bah, había de todo, algunas eran malas, pero la mayoría nos hicimos amigas, pero no supe más de ellas cuando me fui. Con la gente de aquí: con la familia de este chico, muy mal. Un día encontré al hermano y me dijo de todo solo por ser extranjera, no me conocía de nada. Los  padres querían que tuviera una novia española. Él me dijo que tendría una novia española pero que yo sería su novia de verdad. Le dije que no. Fue horrible. Luego conocí al padre de mi hijo, el padre no se hizo cargo. Lloré mucho, pero decidí parar para que el niño crezca bien, entonces me dije: voy a cuidarme. Pasé todo el embarazo sola, pero cuando me encontré sola con el niño me dio una depresión tan horrible.

Ahora trabajo en casas y vivo tranquilamente. No volvería a Colombia a menos que me ganara la lotería (risas) para comprarme una casa en Barranquilla. Se extraña, ¿para qué te voy a engañar?, yo quisiera estar con mi familia. Cuando vas todo el mundo se te acerca porque piensa que llevas dinero, pero no es así. A mi madre siempre le ayudo, con lo que puedo.

Yo ya me siento de acá. Cuando viajo a Colombia me siento mal, todo me sabe horrible, me siento extranjera. Pero después me acostumbro. Pero no voy a volver, no voy a quitarle al niño la oportunidad de vivir en España y tener lo que yo no tuve. Además yo deseo encontrar un buen hombre, eso es lo que tengo ahora en mente. No me arrepiento de haber venido, pasas cosas malas pero también cosas buenas. Yo hice lo que hice para salir de esa miseria tan horrible. Yo no soy capaz de vivir allí, aquí te apetece algo y lo puedes comprar. Allí se vive muy malamente, no te puedes alimentar bien.

Acá yo me siento un poco mal porque me miran a mi hijo como extranjero, por ejemplo en el parque. Cuando llegué al piso una vecina me preguntó si tenía marido, me lo preguntó porque era extranjera. Es horrible. Quisiera que no fuera así porque luego la gente que me conoce está muy contenta conmigo.

Perspectiva de futuro

Ahora tengo unas ideas. A mí me cuesta mucho leer y escribir, entonces este año quiero aprender a hacerlo mejor para poder hacer un curso de cosmética. Es que tampoco quiero tener 40-50 años y seguir trabajando en casas.


¿Por qué decidiste emigrar?

Es muy doloroso escuchar que estamos aquí por el «efecto llamada», hay que contar la otra versión de la historia. Nosotros no vivimos 100 años, en Senegal el promedio de vida es de 60 años. Por eso, llega un  momento en la vida yo ahora tengo 46 y soy consciente de eso. No decidimos viajar para volver con una cadena de oro, sino para ayudar a nuestras familias que son muy extensas. Nosotros nos consideramos como sacrificados. Yo lo siento mucho por mi mujer y mis hijos, ellos deberían tener a su padre al lado. Yo, por ser el hijo primogénito, me sacrifiqué. Tengo la obligación de ayudar económicamente. Cambiar esto será una tarea muy difícil porque implica cuestionar la poligamia, la contracepción, el sistema de pensiones, etc. Hay que dejar de tener hijos de esa manera. Yo sabía que no era fácil. Me costó mucho tiempo conseguir un visado, mientras más pobre eres más cosas te piden. Yo había terminado de estudiar hacía muchos años, en ese momento tuve que empezar a ganarme la vida, no se puede estar toda la vida bajo la protección de los padres: tenía que encontrar un trabajo para ayudar a la familia porque mi padre tenía un trabajo liberal y con la apertura del mercado a productos norteamericanos y europeos, el negocio empezó a ir mal.

Encontré un trabajo en una multinacional: me seleccionaron después de una entrevista a la que concurrí por un aviso en el periódico. No conocía a nadie, yo no estaba enchufado. Empezaron a pasar cosas que me parecían muy raras. Decidí marcharme entes de que me echaran. Promocionaban a mucha gente pero a mí no, las cosas son así en Senegal. Aguanté mucho tiempo pero la corrupción es muy fuerte. Ese lugar era la selva, no se cumplía la ley. Si uno no acepta la corrupción, se convierte en un enemigo. Luego me harté. Yo quería volver a Dakar. Se manda a esa región a los «sin padre» o lo que se llaman huérfanos.

Luego trabajé en la  enseñanza, daba clases de inglés en una escuela. Yo quiero un trabajo, pero no  cualquier trabajo. Intenté muchas cosas, emprendí muchos proyectos, pero las cosas no podían seguir así. Entonces decidí irme. Lo hablé con mi mujer, ella tenía que comprenderme y ayudarme, yo lo hacía para salvarla. En Senegal yo había perdido toda esperanza. Ella me sigue apoyando mucho moralmente. Este proyecto es de los dos. Ella cuida mucho a mis hijos y también ayuda económicamente porque compra y vende mercancía. Ella es muy combativa, tiene una mentalidad muy fuerte.

Proyecto migratorio y experiencia migrante real

Llegué aquí hace tres años y pico, previo paso por Francia. Yo no sabía que iba a terminar en un país en el que se habla otra lengua. Es que España está aquí, cerca de África, pero nunca pensé que viviría aquí. Sufrí en Francia muchos problemas de persecución, sobre todo institucional. Yo pensaba que siendo un país francófono todo sería más fácil, pero no fue así. Entonces decidí marcharme. Son muy hijos de puta los gobiernos, ahora se habla de la inmigración «seleccionada», nosotros queremos la inmigración concertada. Obtuve después de mucho tiempo la visa de turista, falsificando papeles demostré que tenía mucho dinero. Si hubiese tenido tanto dinero hubiese montado algo allí, ¿no? Algunos amigos que estaban aquí en Asturias me dijeron. Antes yo no sabía nada de España. Ellos me dijeron cómo se vivía aquí. Desde que llegué aquí no volví a salir hasta que conseguí los papeles.

Casi todos los inmigrantes tenemos un proyecto muy claro de lo que se viene a buscar y de lo que se quiere hacer luego, pero sin cifras, nosotros somos africanos, allí la tradición oral es muy fuerte. Estamos aquí para conseguir un capital suficiente para montar algo en Senegal: un negocio, un restaurante, etc. Sabemos que si no tenemos algo concreto no podemos seguir viviendo, además en Senegal no hay jubilación (sólo los funcionarios cobran). La jubilación son los hijos, por eso la gente quiere tener muchos. Por eso quieren que te cases temprano para que antes de llegar a los 40 te puedan ayudar.

Mi proyecto está cambiando porque yo no había contado con que podía conocer a más gente, compartir ideas y que podía tener un porvenir junto a ellos. Hoy mi proyecto puede ser la integración, ¿por qué no? Si encuentro un hueco… Qué importa dónde estemos, lo importante es estar contento, comer y hacer cosas que nos enorgullezcan. A toda mi familia no puedo traer, pero a mi mujer y a mis hijos… Otra alternativa es abrir un puente entre España y África, entonces podemos estar un poco aquí y un poco allí.

¿Cuáles son las cosas de aquí que más te han cuestionado?

Yo no sabía que había tantas diferencias. Yo no puedo vivir sin la otra parte de mi que sois vosotras. Creo que todos y todas tenemos que ir juntos, al trabajo, en la casa. Tenemos que mezclarnos. Con el tema de la mujer, nosotros al principio sólo vemos el lado femenino. Antes de entenderlo te cuesta mucho. Por ejemplo, en las asociaciones, tenemos problemas de entendimiento, de interpretación. La primera cosa que solemos preguntar es si una mujer está casada, si no, el campo está libre. Eso también genera muchos malentendidos. A nosotros nos han educado así. Una chica y un chico no pueden ser amigos verdaderos. Poco a poco fui entendiendo que una chica y un chico pueden tener otro tipo de relaciones. Aquí sin mujeres no hay nada, aquí hay que hacer con las mujeres.

¿Qué extrañas de Senegal?

Extraño ese calor humano, pero ahora muy pocas veces, porque casi siempre estoy con mucha gente. Creo que me estoy transformando poco a poco y no sé si eso es un peligro. Ahora tengo miedo de, por ejemplo, comer ciertas comidas africanas. Antes no le daba importancia a las consecuencias de nuestra alimentación. Pero el cambio no es fácil porque hay algo heredado que se ve herido. De vuelta a Senegal, ¿eres el mismo o has cambiado? Yo no quiero cambiar, yo quiero ser el mismo que conocieron. Pero cambiar tiene también algo de positivo. Debo tener el coraje de poder decir «esto no», porque nos puede costar la vida. Pero por el resto, yo voy a seguir siendo el africano que conocieron.


¿Por qué decidiste emigrar?, ¿cómo fue el proceso migratorio?

Decidí emigrar hace cuatro años luego de terminar los estudios –estudié en la Universidad una licenciatura− porque no hay trabajo en mi país. Antes de venir aquí estuve casada y me divorcié. Allí trabajé un tiempo en la enseñanza. No es común que las mujeres emigren solas, mis padres no estaban de acuerdo pero cuando yo decido algo, lo hago. El proyecto inicial era seguir estudiando aquí, pero no pude.

Al principio no encontraba trabajo entonces cambié de ciudad y trabajé en una empaquetadora de frutas. Era mejor que trabajar en el campo o en un bar. Pero todo era muy difícil: no sólo el tema del trabajo, sino el religioso. Allí conocí a mi actual marido, fuimos a Marruecos a casarnos. Volvimos a España, a él le iba bien en la construcción, pero ahora tenemos muchos problemas: él no tiene trabajo fijo y yo trabajo en una casa sólo cuatro horas por semana.

¿Qué extrañas de tu tierra?

Extraño a la familia. Si pudiera tener una casa allí para mí sola, volvería. Lo que yo no quiero es vivir con mi suegra, mi cuñado o con mi madre y mis hermanos. Cada uno hace su vida. Yo tengo experiencia en la Cruz Roja, podría trabajar en algo relacionado a eso. También quisiera que mi hija pudiera aprender árabe y vivir una vida con nosotros normal. Para mí aquí es muy difícil por ser inmigrante, sólo por ello todas las personas nos tratan mal. Muy poca gente nos trata bien. Se sufre mucho. La gente no sabe nada de nosotros, creen que somos sólo personas muy pobres, que no tenemos valores ni opiniones acerca de las cosas, ni personalidad, en definitiva, no saben cómo vivimos en Marruecos y entonces hay muchos prejuicios.

Me gusta que en Europa haya leyes y democracia. En general aquí toda la gente vive bien. En Marruecos hay poca gente que tiene mucho dinero, pero la mayoría vive malamente. Además no me gusta la relación entre hombres y mujeres. Los maridos nunca ayudan a las mujeres allí –aunque nosotras también trabajamos fuera de casa−, las tratan siempre mal. En cambio aquí es diferente. El problema no es la religión, ésta dice que los hombres deben ayudar a las mujeres. Aunque los hombres vivan aquí y vean otras cosas, siguen comportándose como si estuvieran allí con respecto a eso.

Otro tema es el de los modos en los que se establecen las relaciones entre hombres y mujeres. A mí me parece mal que la gente no se case, pero también me parece mal la poligamia, yo no puedo vivir con otras mujeres. Si yo puedo trabajar y hacer las cosas de la casa, ¿por qué buscar a otra? Ya le dije a mi marido que si tiene otra esposa, yo me marcho. Me parece mal que sea una obligación.

El proyecto por ahora es encontrar un trabajo y seguir en España para juntar dinero y así poder comprar una casa en Marruecos y tal vez vivir un poco allí y un poco aquí, después que mi hija decida dónde quiere vivir.


Este trabajo no hubiera podido realizarse sin la inestimable colaboración de Pili Quintana de Asturias Acoge, por su escucha siempre atenta y sus palabras de acompañamiento. Por ello, muchas gracias.

Centros de Internamiento de Extranjeros. Especificidades de Género en el Cie de Aluche (La Madeja nº 1)

Alejandra Calvo Martínez,
Cristina Regodón Fuertes.
Ferrocarril Clandestino


Dentro de las ciudades hay «lugares» en los que la libertad de movimiento e incluso los derechos básicos de las personas quedan condicionados por la ciudadanía o la carencia de ella. Son nuevas fronteras (internas) entendidas como forma de control selectivo de los que parecen no pertenecer a ese lugar. Tanto en el momento actual como durante la creación de los Estados-Nación, siempre han sido dispositivos que marcan una línea.

Nos encontramos con la perversidad de un sistema que parece estar creado para
amedrentar, criminalizar y castigar con la medida penal del encierro a personas que sólo han cometido una falta administrativa.

Podemos distinguir en nuestra ciudad diferentes formas de exclusión/inclusión. Una escena tan cotidiana como salir del metro, estar en un bar o ir a hacer la compra puede no ser tan convencional y acabar en una detención y en un posterior encarcelamiento. Dentro de estas fronteras internas nos encontramos quizás con la forma más brutal de las mismas en la figura de los Centros de Internamiento de Extranjeros, CIEs. Su existencia legal data, en nuestro país, de 1985, pero no fue hasta 1999 cuando se creó una norma legal que los regulase.

Los CIEs se definen como establecimientos públicos de carácter no penitenciario, donde se retiene, por un plazo de hasta 70 días, a las personas extranjeras en situación irregular identificadas en la calle, en espera de la deportación. Aquí nos encontramos con la perversidad de un sistema que parece estar creado no sólo, como indica la norma, para ejecutar una medida cautelar contra aquellas personas con orden de expulsión, sino para amedrentar, criminalizar y castigar con la medida penal del encierro a personas que sólo han cometido una falta administrativa, no penal: no tener su documentación regularizada.

Los poderes públicos tratan de mantener la opacidad sobre lo que ocurre dentro de los CIEs. Es difícil encontrar datos estadísticos de la Administración sobre la ocupación de estos centros, los motivos del internamiento o las expulsiones ejecutadas. Los pocos datos de los que dispone la opinión pública provienen de informes del Defensor del Pueblo, artículos de prensa, de los informes recabados por distintas organizaciones sociales, ONGs1, etc. y algunos datos aislados de la policía.

La combinación de elementos de arbitrariedad y confidencialidad dan lugar a la impunidad, que caracteriza los abusos cometidos dentro del mismo. Estas agresiones violan los derechos fundamentales y constitucionales de estas personas que, no olvidemos, se encuentran bajo tutela del Estado español.

Especificidades de las mujeres en el CIE

Resulta imposible abordar la realidad de las mujeres en el CIE sin tener en cuenta la perspectiva de la interseccionalidad de las discriminaciones que sufren. Se denomina Interseccionalidad a la teoría que propone y examina cómo diferentes categorías de discriminación, construidas social y culturalmente, interactúan en múltiples y, con frecuencia, simultáneos niveles, contribuyendo con ello a una sistemática desigualdad social2.

Esta interseccionalidad de la discriminación sufrida por las mujeres migrantes tiene su expresión física en el CIE3, siendo las retenidas las que se llevan la peor parte en el reparto de espacios: sus celdas se ubican en la planta baja del edificio, lo que hace que sus ventanas (con rejas) tengan una visión limitada. Esta posición del módulo de mujeres supone también un aumento de los niveles de humedad y frío que sufren. De la misma forma, las mujeres internas en el CIE de Aluche tienen un patio notablemente más pequeño que el de los hombres y mucho menos accesible. Habitualmente, y dada la prohibición de salir de las celdas de noche, las internas tienen que hacer sus necesidades en bolsas que cuelgan de sus ventanas, y que al menor golpe de viento caen a su propio patio que, a diferencia del de los hombres, no es limpiado nunca.

A esto se pueden añadir otras terribles condiciones de higiene con las que las autoridades del CIE someten y deshumanizan a los internos e internas. Por ejemplo, el hecho de que las mujeres carezcan del material higiénico femenino básico (compresas, tampones, etc.) es otra de las imágenes habituales que nos encontramos dentro. Y es que, cuando se convierte a una persona en un número, se deja de atender a su condición humana y, por ende, a su género. Prueba de ello es que los miembros del Cuerpo Nacional de Policía que gestionan el módulo de mujeres son en su mayoría hombres. Teniendo en cuenta que hasta hace poco no había puertas en los baños del CIE de Aluche, es posible baremar en su justa medida la existencia de estrategias de humillación y cosificación sistemáticas.

Por otro lado, pero en el mismo sentido, un embarazo en un Centro de Internamiento de Extranjeros, es una situación indeseable a la luz de cualquier tipo de prescripción facultativa –médica, psicológica, etc.−, lo que desencadena, en ocasiones, la pérdida del embarazo. Son comunes los casos de mujeres internadas tras el parto y en el período de lactancia que se han visto separadas de sus hijas, con la consiguiente situación de desgarro emocional y la total vulneración de los derechos de la madre y la hija.

A modo de conclusión

El tono de denuncia inevitable al describir la realidad de las «internas» y los «internos» del CIE de Aluche se construye desde la indignación más absoluta al constatar que esto ocurre dentro de esas fronteras que tanto se defienden desde la Unión Europea como guardianas de la seguridad, la paz y los derechos humanos. Nada más lejos de la realidad. No creemos que mejorar las condiciones existentes en estos centros sea la solución. Abogamos por el cierre de los CIE, Guantánamos Europeos, que humillan, criminalizan y echan por tierra todos los derechos que por ser personas nos son inherentes.

1 Informe CEAR, Informe Ferrocarril Clandestino, SOS Racismo y Médicos del Mundo y los Informes Anuales del Defensor del Pueblo.

2 BROWNE, Irene-MISRA, Joya (2003), «The Intersection of Gender and Race in the Labor Market», Annual Review of Sociology.

3 Nos referimos al CIE de Aluche en Madrid.

Entre unas y otras: cadenas globales de cuidados (La Madeja nº 1)

Irene S. Choya

Si la teoría feminista blanca
americana no necesita lidiar con
las diferencias entre nosotras y las
consiguientes diferencias en nuestras
opresiones, entonces, ¿cómo afrontáis
el hecho de que las mujeres que
limpian vuestras casas y atienden a
vuestras criaturas mientras asistís
a conferencias sobre teoría feminista
son, en su mayor parte, mujeres
pobres y mujeres de color?
Audre Lorde, 1984.

Porque sin nosotras no
se mueve el mundo.
Territorio Doméstico, 2010.

En una familia la hermana mayor ha de hacerse cargo de sus hermanos pequeños y de la abuela, así como de la casa. Su madre se marcha a trabajar. Se va lejos y no sabe cuándo volverá. A partir de ahora, será una voz a través del teléfono y el dinero enviado cada mes.

En una familia es una empleada doméstica la que se encarga de la casa y del cuidado de la bebé. Su madre ha terminado la baja maternal y se marcha a trabajar. Regresa cada noche para ver cómo su hija aprende palabras nuevas que ella no le enseña.

Entre una y otra familia miles de kilómetros de distancia y, sin embargo, algo les une: un hilo invisible tejido, a veces sin saberlo, entre tantas mujeres que a través de los cuidados y los afectos forman una cadena global llena de ausencias y presencias. La que se va. La que se queda. La que contrata a otra para poder irse. La que está aquí pero piensa allá. La que se siente culpable porque no está en casa. La que se siente encerrada por no poder salir de casa.

Los cuidados son algo así como «lo personal es político» en el ámbito económico, dice Amaia Pérez Orozco. Y es que nos permiten ver en lo concreto, en lo cotidiano, la insostenibilidad de nuestro modelo de organización social. En los países de la periferia, la extensión del capitalismo hace cada vez más difícil la vida y muchas personas se ven obligadas a emigrar. En los países del centro, por otro lado, vivimos lo que se ha denominado la «crisis de los cuidados». Ambas realidades están relacionadas y se encarnan, sobre todo, en las mujeres migrantes. Pero expliquemos antes, aunque sea sólo con breves pinceladas, algunas cosas para entendernos.

La crisis de los cuidados1 es una ruptura con el modelo previo de reparto de los mismos, que sostenía el conjunto del sistema socioeconómico. Un modelo que respondía a la llamada división sexual del trabajo: para las mujeres los cuidados, el trabajo invisible, el no-trabajo; para los hombres el trabajo reconocido como tal, el asalariado. Así, la economía «real» se ocupaba de la producción mientras la reproducción era algo que ocurría de forma «natural». Ese modelo de familia2 –hombre ganador del pan/mujer ama de casa– comienza a tambalearse por varios factores: el envejecimiento de la población, la incorporación de muchas mujeres al trabajo asalariado3, una organización de las ciudades que favorece el aislamiento y obliga al transporte motorizado, la precarización del mercado laboral, la pérdida de redes sociales. En este contexto, las necesidades de cuidados aumentan mientras las cosas se ponen cada vez más difíciles para satisfacerlas.

Esta crisis parece que, inevitablemente, ha de dar lugar a un cambio en la distribución de los cuidados, en nuestra organización social. Sin embargo, éste no se produce. El Estado responde con parches y privatizaciones de los servicios públicos. Los mercados –es decir, las empresas– no asumen ninguna responsabilidad, aunque sí se toman los cuidados en serio cuando generan beneficios. Así pues, son los hogares quienes siguen haciéndose responsables de los cuidados. Y dentro de ellos, las mujeres, pues los hombres en su conjunto4 siguen sin implicarse. Ellas son quienes se inventan mil y una formas para tratar de conciliar tiempos, espacios y tareas; quienes sufren en sus cuerpos, en sus vidas, el desgaste que conlleva. Ellas son quienes, en esa loca carrera, buscan todos los recursos disponibles a su alcance: los pocos servicios públicos existentes, la familia extensa o la contratación de los cuidados. Y ahí nos volvemos a encontrar con mujeres: por un lado, las abuelas (qué sería de tantas familias sin ellas); por otro, las cuidadoras profesionales. Y es que los cuidados, cuando son remunerados, son también desarrollados mayoritariamente por mujeres y de nuevo, poco reconocidos. Pues, ¿qué condiciones laborales caracterizan este sector? Los trabajos de cuidados son trabajos precarios. Pero algunos lo son más que otros. ¿Quiénes están ocupando los trabajos más precarios? Las mujeres inmigrantes5, que suman a la precariedad del trabajo doméstico, la mayoría de las veces, la invisibilidad y vulnerabilidad que provoca no tener papeles6.

La división sexual del trabajo continúa, por lo tanto, aunque con cambios. El género sigue condicionando el posicionamiento de cada quien en un sistema económico jerárquico, pero las diferencias entre las propias mujeres aumentan. Unas vienen a sustituir a otras y otras tienen que sustituir a las primeras. Se produce una «transferencia» en los cuidados, que suaviza y «deslocaliza» la crisis. Perdemos, así, su potencialidad, volviendo a dejar en el ámbito de lo privado lo que debería ser un debate público. Pero no podemos dejar pasar esta oportunidad…

Los cuidados han de seguir siendo un eje central del feminismo, pues nos permiten poner la mirada en el sostenimiento de la vida e interpelar al capitalismo desde cuestiones concretas, que posibiliten transformaciones estructurales. Mucho hay por hacer: defender la existencia de unos buenos servicios públicos y una reducción generalizada de la jornada laboral, que nos permita ejercer nuestro derecho a cuidar y también a no cuidar; exigir un cambio del régimen especial del trabajo doméstico; redistribuir todos los trabajos, no sólo los remunerados, reflexionando sobre cuál es el trabajo socialmente necesario y, por lo tanto, cómo queremos vivir, pero todas…

Porque poner los cuidados en el centro nos da la oportunidad de contar con compañeras y compañeros de viaje: quienes luchan por los derechos de las personas migrantes, por la soberanía alimentaria, por los servicios públicos, por el decrecimiento, etc. Pero, esta vez, no nos olvidemos, la lucha empieza en casa.

1 Hablamos de cuidados y no de trabajo doméstico para dejar claro que las necesidades humanas son de bienes y servicios, pero también de afectos y relaciones. Es decir, necesitamos alimentarnos de forma adecuada, vivir en un lugar cómodo y aseado, pero también compañía y afecto, aprender a relacionarnos y a vivir en comunidad. Los cuidados se extienden más allá de las tareas materiales y del espacio doméstico.

2 Decimos modelo porque siempre han existido otras realidades (mujeres obreras, madres solas, mujeres campesinas, etc.), pero éste era la norma, la que funcionaba en el imaginario y hacia la que había que tender.

3 Siempre hubo mujeres en el mercado laboral volviéndose locas para cumplir como asalariadas y como amas de casa a la vez, pero hasta que esta realidad no se extendió a las clases medias no se convirtió en un problema público.

4 Sí, hay hombres que cuidan. Pero ni son la mayoría ni suelen asumir realmente la responsabilidad. Es fácil de ver, cuando analizamos los usos del tiempo de unos y otras, qué tareas se reparten y cuáles no, quién sigue asumiendo la organización y coordinación, quién se relaciona con la empleada de hogar si la hay, etc.

5 En algunos casos, como en el cuidado de hombres mayores, cada vez es mayor el papel de los inmigrantes. Cabe preguntarse si esos hombres, tras esa experiencia, cambian su percepción del trabajo de cuidados y su papel en los roles familiares.

6 Son invisibles no sólo porque no existen en las estadísticas, porque no tienen derechos, porque trabajan tantas horas que es difícil verlas en la calle… También son invisibles porque como «mano de obra» sólo cuentan como trabajadoras y no como cuidadoras de sus propias familias. Pero muchos de sus deseos, de sus preocupaciones, de sus malestares, tienen que ver con lo que han dejado lejos, con las dificultades que conlleva cuidar en la distancia. ¿Quién las cuida a ellas?
Fuentes y más información (artículos disponibles en Internet)
PÉREZ OROZCO, Amaia. «Feminismo anticapitalista, esa Escandalosa Cosa y otros palabros».
___ «Amenaza tormenta: la crisis de los cuidados y la reorganización del sistema económico».
TERRITORIO DOMÉSTICO. «Cadenas globales de cuidados y derechos de las trabajadoras de empleo de hogar».

Los lunes a la plancha (La Madeja nº 1)

E.M. Álvarez

¿En qué se parecen una fábrica de airbags, una lavandería industrial y un geriátrico? A primera vista, en pocas cosas, salvo en el hecho de que son empresas. Sin embargo, tienen algo más en común: casi la totalidad de sus plantillas está compuesta por mujeres, mujeres que tuvieron que enfrentarse a esas mismas empresas. Y, además, todas están (o estaban) ubicadas en Asturies.

A lo largo de este texto me gustaría compartir las experiencias de estas mujeres, que se vieron obligadas a resistir en una situación tan dura como es un conflicto laboral. No por nostalgia, sino porque nos empujan a repensarnos como mujeres trabajadoras fuera y dentro de nuestras casas. Y no sólo nos interrogan a nosotras: también a los hombres, que comparten ambos espacios, y a una idea de trabajo forjada a golpe de invisibilización.

¿Un conflicto? Por ser mujeres, varios
Autotex-Airbag S.A. (Llanera), Lavachel S.A. (Xixón), Centro Gerátrico Mapfre-Quavitae (Uviéu) o «Edad Dorada»-Mensajeros de la Paz (Noreña), pero también Nestlé Litoral, Obrerol, o –hace ya tantos años que se borró de la memoria colectiva– IKE (Confecciones Gijón S.A.)1, representan la precariedad para muchas mujeres en Asturies.

A algunas de ellas tuve la suerte de conocerlas en pleno conflicto. Son mujeres resueltas y fuertes, con responsabilidades familiares; apenas unas pocas tienen afiliación política o sindical y ninguna parece dispuesta a valorar y reconocer(se) su lucha. Las ocasiones en las que nos encontramos –en medio de una movilización casi siempre– expresaban sus dudas y mostraban una enorme humildad. No dejaba de resultarles extraña esa nueva circunstancia en sus vidas: por una vez eran las protagonistas y no «meras acompañantes»; se escuchaban y discutían; tomaban decisiones fuera de sus casas y asumían las consecuencias. Me costaba entender que cada una de ellas hubiese llevado su lucha «particular» sin llegar a contactar con las otras. Imaginaba el potencial que podían tener todas sus experiencias y reflexiones juntas.

Me parece muy importante entender las dificultades añadidas que superan por el hecho de ser mujeres. Los esfuerzos que hacen por pasar de los espacios privados –entiendo como tales, en muchas ocasiones, también los lugares de trabajo asalariado– a los públicos, y más cuando es por una necesidad urgente como un conflicto. El miedo a equivocarse, la vergüenza de hablar en público por primera vez; el sentimiento de culpa por «robarles» horas a sus hijas para estar en una asamblea o un encierro; la incomprensión de maridos y compañeros… Todos parecen obstáculos del pasado, sin embargo no pueden ser más actuales.

Foto: Silvia Cuevas-Morales

¿A las barricadas?
Me preguntaba muchas veces si nuestras formas de lucha podrían ser distintas de las de los compañeros; ¿había que aprender a hacer una barricada?, ¿seríamos capaces de salir a la calle sin ir «en procesión»?, ¿nuestros panfletos hablarían de nosotras o de «la lucha de la clase obrera»? Cada una lo resolvió como pudo: las compañeras de Lavachel hicieron su protesta en agosto, para asombro y rechazo de un sindicalista experto, que no entendía que precisamente porque «todo el mundo estaba de vacaciones» era el mejor momento para denunciar a una empresa que lava la ropa de varios hoteles de Xixón.

En el caso de Autotex, decidieron entrar en la fábrica. Más que decidir, propiciaron la ocasión para que entraran –corriendo y sin planificarlo mucho– tres mujeres que acabaron encerradas en los baños de la nave, nerviosas y un poco incrédulas ante lo que acababan de hacer: dar el primer paso para lo que sería una ocupación en toda regla.

¿Seríamos capaces de implicar a otras en nuestras luchas? Una tendencia individualista, quizás muy arraigada en nuestra sociedad –y fomentada por los empresarios a través de sus medios de comunicación– es pensar que los conflictos de otras personas nada tienen que ver con nosotras. Pero, ¿qué ocurre en el caso de los centros geriátricos como los de Mapfre o Mensajeros de la Paz? ¿Vamos a desentendernos de las condiciones laborales de las mujeres que cuidan de nuestras abuelas y abuelos? ¿Y si lo hacemos extensivo al cuidado en domicilios, casi siempre a cargo de mujeres inmigrantes sin papeles? Las compañeras de Mapfre rompieron esa «separación» y consiguieron que las familias de las personas internas las apoyaran en sus concentraciones.

Nuestros salarios no son iguales, ¿y nuestras luchas?
En 1868 los trabajadores textiles de Igualada se movilizaron para denunciar el empleo de las mujeres en las fábricas del pueblo. Tenían miedo de ser desplazados por estas y por los niños, que constituían una mano de obra más barata. Con esta movilización consiguieron que los empresarios aceptaran el despido masivo de las mujeres una semana después.

¿Es nuestra situación muy distinta de la de aquellas mujeres? A bote pronto diríamos que sí, pero… Históricamente se ha considerado que nuestros salarios son secundarios; es decir, que es el marido o compañero quien debe sostener con su sueldo a la familia; por tanto la mujer siempre cobrará menos2, pues no deja de ser un complemento. Supongo que eso pensaba Jorge Francisco Gumiel Díaz, propietario y gerente de Lavachel, cuando pagaba a sus empleadas 570 euros por jornadas de 40 horas semanales, mínimo. Como repetían ellas en sus consignas y pancartas: «Vivo con 570 €, ¡inténtalo tú, Gumiel!».

Desde luego la cuestión de los salarios no es más que la punta del iceberg de las distintas condiciones en que hombres y mujeres accedemos al mercado laboral, pero con este texto no pretendo entrar en ellas3. Lo que sí quería es mostrar ejemplos concretos de esas condiciones: las trabajadoras de Lavachel o Mapfre obtienen unos salarios miserables a cambio de una carga de trabajo desmedida, de un trato despectivo y de un reconocimiento nulo. ¿Es su comparable situación con la de otras trabajadoras y trabajadores? Probablemente sí, con la de las personas inmigrantes sin papeles que trabajan muchas veces a cambio de alojamiento y comida, incapaces de denunciar su situación por miedo a ser expulsadas del país. ¿A dónde van a expulsarnos a nosotras?

Son mujeres resueltas y fuertes,
con responsabilidades familiares; apenas unas
pocas tienen afiliación política o sindical y ninguna
parece dispuesta a valorar y
reconocer(se) su lucha.

¿Quién te lo tiene que decir?
Para preparar este texto se organizó, el sábado 16 de octubre, un encuentro que llamamos «Mujeres en movimiento», al que invitamos a algunas de las protagonistas de los conflictos relatados aquí.

Al encuentro, aparte de las invitadas, asistimos ocho personas.

Me conformaría con que la próxima vez que alguien organizara una actividad con mujeres con tantas cosas que decir como María Jesús, Ilemi, Noelia, Pilar, Cristina, Covadonga o Elisa –mujeres de carne y hueso y no iconos de cartón piedra– hubiera más personas compartiendo y arropando sus luchas de cada día. Porque el juego de palabras del título no deja de mostrar una realidad objetiva: las mujeres que se quedan sin trabajo asalariado es posible que no tengan tiempo de quejarse «los lunes al sol»; continuarán haciendo desayunos, comidas y cenas; mantendrán la casa limpia; cuidarán de las personas enfermas; y seguirán buscando, fuera de sus casas, un salario «complementario». O no.


1 Para recuperar la memoria de este conflicto: PRIETO FERNÁNDEZ, Carlos (coord.) (2004), IKE, retales de la reconversión, Madrid, Ladinamo libros

2 A modo de recordatorio: según datos del Ministerio de Igualdad (2010) las mujeres cobran, de media, un 16% menos que sus compañeros de trabajo.

3 Entre las muchas obras interesantes que tratan el tema, recomiendo: Laboratorio feminista (2006), Transformaciones del trabajo desde una perspectiva feminista (producción, reproducción, deseo, consumo), Madrid, Tierradenadie ediciones.

Crisis y decrecimiento (La Madeja nº 1)

Miguel Moro Vallina

Como si de una fatalidad se tratase, las crisis vienen a frustrar, en los momentos más inesperados, las esperanzas de crecimiento ilimitado, de aumento sostenido en los niveles de producción y de consumo. La de la década de 1930 dio al traste con los «felices veinte», la de la década de los 70, con los «treinta años gloriosos» (1940-1970) de crecimiento y políticas del bienestar en Europa; en la actual, de modo análogo, la tozuda realidad ha puesto fin a la fiesta del ladrillo y la hipoteca y ha dejado en evidencia la promesa, tantas veces reiterada, de la economía inmaterial y de los servicios.

Bajo el inocente nombre de economía, la ideología de nuestro tiempo evita el término más preciso de capitalismo, una organización social basada en la producción de valor mediante el trabajo humano. El capital, actor todopoderoso en este sistema de relaciones sociales, compra y emplea la fuerza de trabajo en un proceso de producción de mercancías cuya finalidad es la producción de beneficio, de plusvalor. Ese plusvalor incrementa la masa de capital en un proceso de acumulación carente de fin, que reduce a las personas a una doble condición de portadoras de fuerza de trabajo y consumidoras de mercancías.

¿A hombres y mujeres por igual? No. El capitalismo no produce el patriarcado, pero dota de una nueva concreción a las relaciones de poder entre hombres y mujeres. Una concreción que tiene mucho que ver con el papel que, bajo el imperio del trabajo asalariado, desempeñan las mujeres como reproductoras de la fuerza de trabajo. Este ámbito constituye un elemento fundamental del análisis materialista de las relaciones entre capitalismo y patriarcado1.

El capitalismo, en virtud de la dinámica que lo anima, tiende permanentemente al crecimiento, a la búsqueda de nuevos mercados, a la conquista de nuevas áreas sociales (materiales, cognitivas, discursivas, afectivas) que se ven subsumidas, imbuidas en su lógica. Pero el proceso no está exento de escollos y problemas, pues la naturaleza misma de la mercancía, el dinero y el capital presenta un carácter dual, contradictorio. En las crisis, esas contradicciones eclosionan violentamente y la realidad se presenta paradójica: personas sin trabajo y capital ocioso, falta de liquidez en la economía y «exceso de ahorro» en las familias, necesidades crecientes y mercancías que no logran venderse…

La economía evita computar aquello que escapa a su lógica: las externalidades de la contaminación y la destrucción del territorio aparecen como un resultado banal del crecimiento inmobiliario; los recursos fósiles se valoran según su coste de extracción, aunque su formación ha requerido cientos de millones de años; el trabajo de cuidados, esencial para la reproducción y el sostenimiento de la vida, desaparece subsumido bajo el valor abstracto de la fuerza de trabajo.

La continuidad de la acumulación requiere de la constante producción de valor, de mercancías. La propuesta del decrecimiento atenta contra ese precepto fundamental, propugnando la reducción de necesidades y deseos, el ahorro energético, la equidad social y la vuelta a circuitos cortos de producción y comercialización2.

¿Qué es el decrecimiento? Es el cuestionamiento de las bondades absolutas del crecimiento económico, la crítica de la equiparación entre consumo y felicidad, entre bienestar, justicia, crecimiento y desarrollo, la propuesta de vivir mejor con mucho menos3. En su devenir histórico, el capitalismo ha dilapidado velozmente los recursos de la Tierra: los bosques, los suelos, los acuíferos, los recursos fósiles. Con ello se han iniciado cambios en la biosfera de carácter irreversible, que amenazan la vida en nuestro planeta tal como la conocemos. Todos los estudios sobre nuestra huella ecológica muestran que hemos sobrepasado con creces la capacidad de recuperación de la biosfera4. Las consecuencias negativas del crecimiento económico sobre la naturaleza, el ser humano o las relaciones Norte-Sur son más visibles que nunca.

La propuesta del decrecimiento, a pesar de su aparente novedad, ha venido impregnando muchas luchas anticapitalistas de los últimos 200 años. La crítica del desarrollo, del maquinismo, la ecología política, la crítica a la urbanización desenfrenada del territorio, la agroecología y el consumo responsable y las reflexiones sobre el trabajo de cuidados… Desde diversas perspectivas, todos estos movimientos han defendido la reducción consciente de los niveles de producción, consumo y deseo de mercancías. La lógica del decrecimiento pone en jaque el fundamento mismo de la acumulación; pero por ello mismo, la retórica del poder trata de adueñarse del concepto y desnaturalizarlo, privándolo de potencia revolucionaria.

Decrecer no es cosa de reducir ligeramente la velocidad de la maquinaria destructiva del capitalismo. Es, por el contrario, una apuesta por modificar radicalmente las relaciones sociales imperantes, por poner en primer plano las necesidades y cuidados frente a los deseos de consumo, la reflexión sobre el bien común frente al individualismo metodológico. Decrecer requiere repensar las relaciones entre el ser humano y la Naturaleza y, muy especialmente, entre hombres y mujeres5. La apuesta del feminismo por descentrar los mercados y poner en el centro del análisis los procesos de sostenibilidad de la vida (A. Pérez Orozco) constituye una invitación a cuestionar, desde una lógica complementaria, el imperio del valor, del capital, del trabajo asalariado. La propuesta de decrecimiento será anticapitalista y anti-patriarcal… o no será.


1 Véase McDONOUGH, Roisin y HARRISON, Rachel (1978), «Patriarchy and Relations of Production», en Kuhn, Annette y Wolpe, Anne-Marie (eds.), Feminism and Materialism.

2 Entre la bibliografía básica sobre el decrecimiento se cuenta el libro de Serge Latouche La apuesta por el decrecimiento (2008). Muchas de las teorías del decrecimiento hunden sus raíces en los conceptos fundamentales de la Economía Ecológica; entre ellos, cabe destacar la aportación de Hermann E. Daly, Steady State Economics (1977).

3 La riqueza no es un estado absoluto, sino «una relación entre las necesidades y los bienes materiales. Es posible ser rico consumiendo mucho o deseando poco». SAHLINS, Marshall, Economía de la Edad de Piedra.

4 Existe una documentación muy valiosa (parte de ella en castellano) sobre decrecimiento en los Proceedings of the First International Conference on Economic De-Growth for Ecological Sustainability and Social Equity, que puede descargarse en http://www.degrowth.eu. En http://decrecimiento.info pueden visualizarse vídeos y audios de diversas charlas sobre la cuestión, entre las que destacamos las de Carlos Taibo y Amaia Pérez Orozco.

5 TUDELA TORRES, Marta, «Feminismo y decrecimiento: puntos en común, posibilidades de encuentro». Ca la dona, p. 64.

Voces rebeldes (La Madeja nº 1)

Melania Fraga

¿Cuántas veces nos hemos sorprendido tarareando alegremente una canción con letra machista, racista o en el mejor de los casos absurda? Entre ritmos pegadizos se nos olvida que las canciones forman parte de nuestro imaginario, de nuestra tradición oral, que crean la realidad. En su mayor parte sitúan a las mujeres como objetos dependientes del amor de un maltratador o como sujetos de consumo. «Sin ti no soy nadie», «te quiero más que a mi vida», «si me pega me da igual, es natural», «tendría que cogerte, desnudarte, pegarte y luego violarte»… son sólo un pequeño ejemplo de lo que podemos encontrar en la amplitud de estilos musicales.

Afortunadamente existen proyectos que demuestran que no es necesario denigrar a las mujeres para hacer música de calidad y pegadiza.

Voces Rebeldes es uno de esos ejemplos que tiene como objetivo, a través del Hip Hop, mostrar la oposición de jóvenes al sistema económico y social que los margina en la periferia de diferentes ciudades del mundo. Porque la música sobrepasa las fronteras del capitalismo uniendo proyectos artísticos.

 

Este proyecto, en el que participan raperos y raperas de Cuba, Argentina, Venezuela, Bolivia y Senegal, se articula en torno a un documental y una exposición fotográfica realizada por Oriana Eliçabe, promotora del proyecto que produce Piraván. Hablamos con ella.

¿En qué contexto nace Voces Rebeldes?
«Quería enseñar la realidad de los países que no salen en la prensa o que cuando salen es para demonizarlos. A través del Hip Hop, muy arraigado en las clases populares, las y los raperos cuentan sus realidades».

¿Cómo es el trabajo de seleccionar a raperos/as para participar, qué os interesa de ellos/as?
«Los raperos y raperas no fueron seleccionados por su gran puesta en escena, ni su producción, ni fama. Lo que interesaba es que las letras fuesen reflejo de sus luchas, no sólo sobre un escenario sino también en sus barrios, ya que su lírica es fruto del contacto directo con las necesidades que se generan en los mismos. A pesar de ello, la calidad artística es muy elevada. Amplifican la voz de su comunidad a través de acciones directas no violentas, a través de sus canciones. El proyecto Voces Rebeldes es una plataforma para continuar esa lucha.

Propuse como objetivo el dar espacio en cada país por lo menos a una rapera o grupo integrado por mujeres, porque en la lucha del Hip Hop también es importante que las mujeres artistas estén representadas, ya que no siempre lo están.

También vimos lo mucho que enriqueció al proyecto el integrar artistas de África, de Senegal en concreto. Muchos de los participantes latinoamericanos no tenían conocimiento de las realidades y necesidades de las y los jóvenes africanos y viceversa».

 

En sus letras anticapitalistas, ¿se tenía también clara la lucha «antimachista»?
«Sí, sobre todo en el caso de las raperas, esa es una de sus luchas dentro de un movimiento que tiende mucho al machismo. Aunque en el caso de los raperos que participan del proyecto, el tema de los géneros también está presente. Fue curioso que la noche en la que se conocieron los participantes, en una de las habitaciones del hotel, hubo una larga discusión sobre este tema. Fue muy interesante el debate, algún día espero poder editar ese material de vídeo».

¿Qué posibilitó el proyecto?, ¿qué espacios creó o abrió?
«El proyecto duró tres años, aunque aún no está cerrado, el grupo creó una red que trabaja y comparte inquietudes. Propició que un montón de realidades dispersas se conocieran. La lucha de los artistas se fortaleció: el ver que hay personas en tantos países trabajando como tú te hace no sentirte solo.

El momento cúspide del proyecto se produjo en Gijón, en los encuentros de Cabueñes de 2009, eso nos dio la oportunidad de juntarnos físicamente, muchos tenían contacto a través del proyecto pero no se conocían cara a cara. La mayoría era la primera vez que salían de su país. Aquí se comenzó a componer un rap colectivo que luego se grabaría en otro encuentro en Barcelona. El hecho de que el proyecto fuera colectivo enriqueció las realidades de los participantes».

¿Hacia dónde va esta experiencia?
«Ahora el proyecto, aunque esté en standby, sigue nutriéndose a través de su blog. Además, contamos con la colaboración de la radio libre Rimas Rebeldes, ubicada en una fábrica recuperada en Argentina».

Mujeres de ojos rojos. Del arte feminista al arte femenino (La Madeja nº 1)

Mujeres de ojos rojos. Del arte feminista al arte femenino. Susana Carro Fernández. Editorial Trea, Gijón, 2010. 264 páginas

Alba González Sanz

El estudio de las relaciones entre arte y pensamiento no suele despertar nuestra sorpresa, salvo cuando tenemos entre manos un libro que viene a llenar un vacío en el discurso, conectando, de forma reveladora, ideas e imágenes importantes. Tal es el caso de Mujeres de ojos rojos, un ensayo a través del cual la autora explora las relaciones entre el pensamiento feminista producido desde los últimos años del siglo XIX a la década del 90 y las manifestaciones artísticas que un grupo de creadoras produjo al calor de esos debates teóricos. El libro es la única monografía en español que aborda esta conexión y, sobre todo, que permite conocer la historia del arte feminista con rigor. El arte como medio para la acción política, para la indagación estética y para la reflexión ética en torno a las relaciones de mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida. El arte y el feminismo, sus conexiones fecundas y escasamente puestas en valor por la crítica especializada. Un análisis lúcido de teorías pero sobre todo de propuestas artísticas revolucionarias cuya contextualización política amplía el alcance de los movimientos feministas que las vieron nacer.

Susana Carro Fernández enlaza a las teóricas (Mary Wollstonecraft, Simone de Beauvoir, Kate Millet, Hélène Cixous…) con las creadoras (Louise Bourgeois, Judy Chicago,Anada Mendieta o Martha Rosler) en un volumen de factura impecable que repasa cronológicamente los hitos y principios del pensamiento feminista pero sobre todo la relación de una serie de creadoras con esas ideas y con el propio medio artístico: tradición, canon, exposiciones, escuelas, técnicas, materiales y enfoques académicos sufren a su vez un replanteamiento desde el arte feminista que busca incorporar a nuestro acervo artístico las voces de muchas mujeres creadoras que se expresaron desde su identidad y en muchas ocasiones padecieron (y padecen) un absoluto silencio entre crítica y público.

Desalojos (La Madeja nº 1)

Desalojos
Miriam Reyes. Editorial Hiperión (2008). 68 páginas.

José María Gómez Valero

Algo maravilloso sucede cuando la poesía logra ser voz de la herida y dejarnos en el alma ese inconfundible sabor a verdad honda que nos conmueve, que nos ayuda a mejor mirar el mundo, transformándonos y haciéndonos crecer. Es la poesía en esas ocasiones un puente en el que nos aventuramos. Un puente en el que encontrarse, en el que sentir, recordar, amar, lo vivo y sus filos, celebrándolo.

Sólidos y vibrantes puentes en los que permanecer nos ofrece la obra de Miriam Reyes, una poeta que sostiene un proyecto de escritura consistente, de largo y fértil recorrido en sus búsquedas –tan lúcidas, tan honestas–, donde una exigente pugna con el lenguaje se anuda con una mirada asombrada y audaz. «Mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos», decía Alejandra Pizarnik.

Después de los excelentes Espejo negro (DVD, 2001) y Bella Durmiente (Hiperión, 2004) Miriam Reyes nos regalaba este Desalojos, un libro desgarradoramente hermoso, estremecido y estremecedor, que rebosa poesía reveladora en cada pulso, en cada giro.

En los poemas que lo conforman nos habla la mujer que es testigo del paisaje que perfilan las pérdidas, quien convive y dialoga íntimamente con los diferentes rostros que depara el hueco. El libro se divide en dos partes: en la primera, más extensa, se compone una intensa secuencia cuyo escenario es el lugar del duelo: alguien narra lo que le acontece cuando una persona de relevancia articuladora en la estructura familiar muere, lo que significa y desencadena su desaparición, lo que mueve, aquello que oscurece y aquello que alumbra.

En la segunda parte los poemas se sitúan a cierta distancia, temporal y espacial, energética, de los hechos: se plantea el desabrigo posterior, las dificultades, la salvación desde el recuerdo, el deseo de duración. Nos lleva el conjunto del libro a reflexionar sobre el dolor del vínculo y la identidad que construye: las puertas que abre al amor y sus extrañamientos. Todo desde una voz cercana que, temblando de frío y serenidad, nos dice y nos guía.

Desalojos es un cuerpo vivo que nos invita a alojarnos en él. Leer un poema de este libro nos aboca a respirar con la respiración del poema, a ver por sus ojos, a estar –a ser– profundamente allí, pase lo que pase allí. Leía a Miriam Reyes en una entrevista: «Escribo para no dormirme, para no perderme, para no olvidarme, para no callarme ni negarme a mí misma, para comprender y aprehender lo que vivo». Sólo nos queda decir: gracias, Miriam, gracias por escribir.


En la web de la autora, www.miriamreyes.com, se pueden leer textos de sus distintos libros editados, además de conocer el interesante trabajo que realiza como videocreadora anudando imagen y poesía.

Siete notas sobre poesía & mujeres

T.S. Norio

1· Pastún (Afganistán, Pakistán)

«En los valles afganos y en los campos de refugiados de Paquistán, las mujeres pastún improvisan cantos de gran intensidad y fulgurante violencia: los landays (‘breves’). Esta forma poética limitada a dos versos crea una instantánea de emoción, apenas un grito, un furor, una puñalada en el pecho. Estos poemas, dotados de un marcado ritmo interno, hablan de amor, honor y muerte, y, valiéndose de estos temas, de rebeldía siempre. Sin duda, nunca un canto tan breve reveló tanto de la inhumana condición de la mujer y de la opresión que la reduce al estado de objeto doméstico y la somete al código pueril de los hombres. Privada de libertad y vejada en sus deseos y su cuerpo, a la mujer pastún no le queda otra salida posible que el suicidio o el canto…

Dame la mano, amor mío, y partamos a los campos para amarnos o caer juntos bajo las cuchilladas.

¡Que el almuédano lance su llamada a la oración del alba, no me levantaré mientras no quiera mi amante! ¡Rápido, amor mío, quiero ofrecerte mi boca!, la muerte ronda por la aldea y podría llevárseme».

[MAJRYH, Sayd Bahodin (2002), El suicidio y el canto, Poesía popular de las mujeres pastún de Afganistán, Madrid, Ed. del Oriente y del Mediterráneo]


2· Celtas (Europa occidental)

«Con todo, en Escocia la tradición oral también influyó mucho en la vida comunitaria. Hasta hace poco tiempo, el espíritu colectivo y las tradiciones se reflejaban perfectamente en el waulking o reunión de mujeres para realizar el encogimiento de los paños de lana tejidos en casa. Una vez empapados en orina rancia, se colocaban los paños sobre una mesa de caballete, en torno a la que tomaban asiento unas doce mujeres. Una de ellas entonaba fragmentos de cualquier narración en verso, y el resto le hacía coro mientras todas golpeaban los paños rítmicamente. De este modo, a través de un viejo procedimiento textil, las mujeres trasmitieron durante generaciones numerosas leyendas y no pocos acontecimientos de la vida local. El waulking llegó a estar prohibido a los hombres, y éstos se desentendieron completamente de él hasta su desaparición, a mediados del siglo XX».

[El hombre en el mundo, t. 2, p. 44]


3· Las palabras y los jefes

«Aparte de esta inclinación tan marcada por las posesiones del jefe, los indígenas aprecian altamente sus palabras: el talento oratorio es una condición y también un medio del poder político. Numerosas son las tribus donde cada día, al alba o al crepúsculo, el jefe tiene que gratificar con su discurso edificante a la gente de su grupo: los jefes pilagas, sherentes, tupinambas, exhortan todos los días a su pueblo a vivir según la tradición.

Pues la temática de su discurso está estrechamente ligada a su función de ‘hacedor de paz […] El tema habitual de estas arengas es la paz, la armonía y la honradez, virtudes recomendadas a todos los miembros de la tribu’. Sin duda hay veces que el jefe predica en el desierto: los tobas del Chaco o los trumais del Alto-Xingu a menudo no prestan la menor atención al discurso de su líder, que habla así en medio de la indiferencia general. Esto sin embargo no debe ocultarnos el amor de los indígenas por la palabra: ¿no explicaba así un chiriguano la ascensión de una mujer al liderazgo diciendo: ‘su padre le había enseñado a hablar’?»

[CLASTRES, Pierre (1978), La sociedad contra el Estado, Barcelona, ed. Monte Ávila, p. 29]


4· Más nanas y menos somníferos

«El gran libro de las nanas, Carme Riera (ed.), El Aleph, 2009. Reúne las canciones de cuna más famosas de la lengua española desde la edad Media al siglo XXI. (…) Primera nana de autor conocido: de Gómez Manrique, alrededor de 1458. (…) Hasta el siglo XIX las nanas eran cosa de mujeres, ‘es decir, cosa de anonimato’. Las mujeres no solían salir de casa. ‘Las primeras nanas firmadas por hombres –Lope de Vega, por ejemplo– son poemas a lo divino: la madre es la Virgen María y el niño, Jesucristo’. (Carme Riera) (…) En el siglo XX la canción de cuna se convierte en un género literario. Ya no son sólo poemas para niños: también hay ironía y dramatismo: la canción para despertar un pie dormido de Gloria Fuertes, la de José Hierro para dormir a un preso o las nanas de la cebolla de Miguel Hernández. Nunca fue un género políticamente correcto. (…) En una conferencia de 1928, dedicada a las nanas, Lorca insiste en la ‘aguda tristeza’ de las canciones de cuna española. No debemos olvidar, dice, que sus inventoras son las mujeres pobres ‘cuyos niños son para ellas una carga’… Carme Riera no está muy de acuerdo. ‘Lorca confunde monotonía con melancolía: el objetivo de una nana es que un niño se duerma… Su tono ha de ser monocorde y no muy alegre’».

[RODRÍGUEZ MARCOS, Javier (29/10/2009), «Más nanas y menos somníferos», El País, p. 37]


5· Quechuas (Perú)

«(Mujeres)
En el jardín de las flores los pétalos de las rosas se abren con esplendor cuando las levanto, se marchitan cuando las pongo en tierra, florecen.

(Hombres)
Solterita viciosa casadita de mal gusto fuiste el fruto de esas orgías amorosas si no hubiesen existido esas orgías piedras o yerbas hubieses sido en estos momentos.

(Mujeres)
Cuando estuve encima de ti y te observé el arpa y violín entonaban aires de alegría y tristeza cuando en posición contraria te observé mi joven amorosa estaba llorando de alegría.

Qachwa (canción para las danzas orgiásticas) recogida en la comunidad de Belen (Pacapauza-Parinacochas, Ayacucho), interpretada durante las noches de luna, después de la cosecha de las papas. La primera estrofa, interpretada por las mujeres, es la invitación de éstas, simbolizadas por las flores y las rosas, a los hombres para que conserven el esplendor de las flores en el jardín hermoso y colorido. En una palabra, es la invitación a la orgía colectiva. En la segunda estrofa, los hombres responden a las mujeres tratándolas de ‘viciosas de mal gusto’, pero dando la evidencia de que estas orgías rituales colectivas son necesarias para la existencia de la humanidad, ya que si no únicamente de ‘piedras y hierbas’ se hubiese poblado la tierra. La tercera estrofa es interpretada por las mujeres; en ella, el gozo y la libido son simbolizados por los aires musicales del violín y del arpa, que siempre se tocan juntos y manifiestan la ternura profunda de los hombres».

[YARANGA VALDERRAMA, Abdón (1994), El tesoro de la poesía quechua / Hawarikuy Simipa Illan, Madrid, Ediciones de la Torre, pp. 151-152]


6· Acholis (Uganda)

«A semejanza de otros pueblos nilóticos –gentes del Alto Nilo, con las que comparten rasgos físicos e idioma–, creen en un Ser supremo, Juock. La supervivencia del poblado depende de las rogativas a la divinidad para que no falte la lluvia, si bien cualquier creyente puede dirigirse a su santuario y exponerle –por mediación de una sacerdotisa– sus problemas personales. Sumiéndose en un trance, estas habilísimas intérpretes de presagios se constituyen en portavoces de Juock. Las sacerdotisas son casi siempre ancianas, o bien mujeres inadaptadas por una u otra razón, tal vez súbitamente enviudadas e incapaces de ajustarse a su nuevo papel en la sociedad».

[El hombre en el mundo, t. 1, p. 24]


7· La función de la poesía

«‘¿Cuál es la utilidad o la función de la poesía en la actualidad?’ es una pregunta no menos acerba porque la hagan con insolencia tantos estúpidos o la respondan con apologías tantos tontos. La función de la poesía es la invocación religiosa de la Musa; su utilidad es la mezcla de exaltación y de horror que su presencia suscita. ¿Pero ‘en la actualidad’? La función y la utilidad siguen siendo las mismas; sólo la aplicación ha cambiado. Ésta era en un tiempo una advertencia al hombre de que debía mantenerse en armonía con la familia de criaturas vivientes entre las cuales había nacido, mediante la obediencia a los deseos del ama de casa; ahora es un recordatorio de que no ha tenido en cuenta las advertencias, ha trastornado la casa con sus caprichosos experimentos en la filosofía, la ciencia y la industria, y se ha arruinado a sí mismo y a su familia. La ‘actual’ es una civilización en la que son deshonrados los principales emblemas de la poesía. En la que la serpiente, el león y el águila corresponden a la carpa del circo; el buey, el salmón y el jabalí a la fábrica de conservas; el caballo de carrera y el lebrel a las pistas de apuestas, y el bosquecillo sagrado al aserradero. En la que la Luna es menospreciada como un apagado satélite de la Tierra y la mujer considerada como ‘personal auxiliar del Estado’. En la que el dinero puede comprar casi todo menos la verdad y a casi todos menos al poeta poseído por la verdad».

[GRAVES, Robert (1983), La Diosa Blanca, Madrid, ed. Alianza, t. 1, pp. 16-17]

En nosotras la mirada del amo. Buscamos la salida

Celia García Lopez

No serviré a una mitología pavorosa.
Sin embargo mi cuerpo ocupa el espacio
preparado por las acechanzas.
David Eloy Rodríguez

El espacio geográfico es materia y es metáfora. Es cuerpo habitado y es paisaje. Es cosa que se puede ver y es sueño de resistencia simbólica. Una resistencia que crea lugares reales desde donde contar de nuevo el mundo.

Todo esto nos dice Katherine McKittrick [1]en su libro Demonic Grounds: black women and the cartographies of struggle[2], y lo hace a partir del análisis de la realidad geográfica de Estados Unidos, Canadá y el Caribe. Toma como punto central en su relato la llegada de esclavos y esclavas africanas y todo lo que supone. La asimilación de la diáspora africana y la naturalización de ésta fue determinante para la perpetuación de una lógica de biocentrismo, basada en la división entre amos/esclavos, colonizadores/ colonizados. Este modelo de mundo, como nos recuerda McKittrick, determina las categorías de ser humano/ser no humano o civilización/ barbarie y se convierte en discurso legitimador de una realidad que llega hasta nuestros días.

Se trata de contar la historia, la producción de sentido, a través del análisis del control del espacio que habitamos. Esta ocupación espacial no es gratuita, sino punto de apoyo para legitimar los discursos del poder y su capacidad ilusoria de hacer del simulacro naturaleza. Es la construcción de un espacio concreto, según la autora, lo que sustenta, justifica y argumenta la naturalización de la identidad negra.

Así, el racismo y el sexismo no se basan sólo en la construcción de unas identidades centradas en el cuerpo, sino que son también actos espaciales que ilustran las experiencias y conocimientos geográficos de las mujeres negras. La geografía se convierte en algo socialmente producido, un sitio y controladas.

Se trata de ver la dominación racial y sexual como un proyecto geográfico. La naturalización ideológica de las mujeres negras se corresponde con la producción del espacio. Las ideas sobre feminidad negra, superioridad racial y diferencia son ideas espacializadas, ideas que restringen los deseos y oportunidades geográficas de las subalternas. Esa restricción supone un camino que determina un estar en el mundo. Lo que nos propone McKittrick es mirar más allá del análisis que refleja la injusticia y buscar posibilidades de crear nuevas maneras de estar en la realidad, desde ese espacio determinado y acotado por las estructuras lógicas que la construyen. Es decir, entender esos espacios asignados como lugares para la resistencia. Desde esa lucha por resistir se pone en evidencia la falsedad del simulacro y son esos espacios también alternativas para la vida nueva.

Tradicionalmente se ha entendido el cuerpo femenino negro como lugar de desposesión[3], aquello sin geografía, lo cual facilitaba la apropiación del mismo, su uso y abuso. Ahora bien, ¿qué pasa si ponemos nombre al espacio inhabitado, desposeído, al espacio entre las piernas y lo miramos como aquello que puede nombrar o alterar las geografías asignadas al cuerpo? Escribe la poeta Marlene Nourbuse Philip:
«Entre las piernas el espacio/Dentro del útero el espacio/Colonizado como lugar y espacio/El silencio de/El espacio entre/Las piernas/ El silencio de/El espacio dentro/Del útero».

Las geografías, los lugares asignados para el vivir, y las resistencias a los mismos de las mujeres negras que se producen en los márgenes, en las piedras de subasta, en las buhardillas, a través de la literatura; indican que la jerarquía tradicional espacial es al mismo tiempo poderosa y alterable. Esto sugiere que las geografías humanas están siendo conceptualizadas más allá del orden clasificatorio presente. Esa continua resignificación del espacio habitado permite hablar de posibilidades de atravesamiento de las dialécticas dominantes.

Desautomatizar la máquina mirando más allá, cuestionando los discursos anquilosados en una falsa naturalidad que impiden la creación de espacios nuevos. Ver el espacio como lugar desde donde decir, contar, vivir de otra manera, redescubrir miradas, mirar con otros ojos. De eso se trataba.

En una exposición de la artista afroamericana Carrie Mae Weems[4] vimos una serie de retratos: grandes fotografías de fondo rojo, en cada una de ellas una inscripción. Retratos de personas negras: esclavas, prostitutas, niños, familias que son captadas en sus lugares «naturales», espacios impuestos. En la inscripción, inserta en el cuadro, reza una calificación que nos explica qué son para el poder esos cuerpos, de modo que podemos leer «objeto de estudio antropológico» o «negroide tipo» o «el lugar de juegos del amo» o «el espíritu del diablo», por citar algunos ejemplos. Pero he aquí el asombro cuando al mirar vemos que en cada rostro hay una mirada que nos mira a su vez, y nos interroga, que en cada cuerpo algo se resiste a ser asimilado, colonizado, reducido a cenizas, algo que nos deja entrever que «más allá» y «entre» ese espacio asignado existen otros lugares/otras vidas que también, o sobre todo, son reales y verdaderas. En el primer retrato de la obra hay una mujer africana bella, digna, orgullosa. Sobre su cuerpo en blanco y negro, esclavo y libre leemos las siguientes palabras: «desde aquí yo vi lo que estaba sucediendo y lloré».


[1] Katherine McKittrick es profesora titular en el Departamento de Estudios de la Mujer de la Universidad de Queens en Canadá.

[2] MCKITTRIK, Katherine (2002), Demonic Grounds: black women and the cartographies of struggle, Minneapolis, University of Minesota Press.

[3] La historia de la diáspora negra converge con la concepción que se hace del cuerpo femenino negro. Las geografías de la esclavitud fueron geografías de desposesión negra/supremacía blanca, lo cual fue asumido como una inferioridad racial natural y justificó la esclavitud. El vínculo entre propiedad y negritud dio al cuerpo negro un estatus de artículo o cosa, un espacio apropiable, lo cual legitimaba la práctica de venta o intercambio de dichos cuerpos. La apropiación del cuerpo femenino negro a menudo convirtió a éste en espacio público, lugar para la violencia. El cuerpo negro femenino era visto como naturalmente sumiso y sexualmente disponible.

[4] Carrie Mae Weems es artista y fotógrafa. Algunas críticas de arte la etiquetan de fotógrafa social. Los principales temas de su obra son el racismo, las relaciones de género, la identidad personal, la política. La teórica feminista bell hooks escribe un artículo sobre ella en 1996 titulado: «Carrie Mae Weems: Diasporic Landscapes of Longing», en Inside the Visible, editado por Catherine de Zegher, MIT Press.

Los cuerpos del delito: cuerpos capaces/cuerpos dis/incapaces

Cristina Vico Miranda
Celia García López  

Nos pasamos el cuerpo
buscando el tiempo.
Rolando Revagliatti

Hicimos viaje nuestro cuerpo. Trajimos nuevas palabras que hemos ido traduciendo y que a ratos iluminan parcelas de mundo y nos trascienden. Trascender: mirar fuera con ojos vivos/encendidos.

Queremos plantear aquí algunas cuestiones que nos acercan al debate abierto y candente que se vive desde hace algunos años en la teoría feminista estadounidense: la «discapacidad» como categoría de análisis y como sistema de representación.

Las variaciones humanas han venido a mal llamarse discapacidades y han formado una categoría propia que incluye a individuos dispares entre sí pero con algo en común: la desemejanza en lo que al canon de belleza y normalidad respecta. Estos cánones se han ido forjando a lo largo de la historia a través de la medicalización del cuerpo[1] y de las políticas de la apariencia que han dictado qué es lo bello, lo normal y lo sano, marginando aquellos cuerpos que, desprovistos de los valores aclamados por la sociedad, cuestionan las bases en las que se sustentan tales cánones.

Hay otros mundos habitados, fruto de los despojos excluidos por la regla, en los que se mira, se escucha, se piensa y se siente de manera distinta a las lógicas que nos gobiernan casi todo el tiempo, esas que intentan clasificar y ceñir nuestro espacio vital. Son mundos que todas de algún modo conocemos, a pesar del trabajo incansable de homogeneización, asimilación y ocultamiento. Imperios de mentira.

Mirar desde el cuerpo, con el cuerpo, mirar al cuerpo, sentir el cuerpo para conocer la norma, el deseo, la ley. Callejones que vierten luz sobre las construcciones que nos habitan, que cimientan y cementan la vida.

Una alternativa presente en los debates feministas son las políticas basadas en un discurso identitario, cuya estrategia principal es evidenciar las diferencias, darles voz, intentar ser herramientas de resistencia, transformación y flexibilización de las categorías tradicionales. Sin embargo, estas políticas, que cumplen una función fundamental en la desestigmatización de los cuerpos y que ponen de manifiesto los entresijos de la realidad, creemos deben ser sometidas a una revisión continua debido a que la fluidez del deseo y las ambigüedades de las categorías humanas hacen imposible la existencia de identidades fijas[2].

La premisa central de la teoría feminista sobre la discapacidad es que la discapacidad, como la «feminidad», no es un estado de inferioridad corporal, insuficiencia o desgracia. Más bien, la discapacidad es una narrativa sobre el cuerpo culturalmente fabricada, algo similar a lo que entendemos como ficciones de raza y género.

Nos cuenta Toni Morrison que al igual que la negritud es una idea que cala en la cultura norteamericana, la discapacidad también es una ideología dominante, a menudo desarticulada, que nos dice de nuestras nociones culturales acerca de una misma y del otro. Y es que son los significados que da la cultura de forma no gratuita los que ayudan a construir/producir lo que es ser hombre o ser mujer, es decir, los significados culturales producen actores sociales generizados.

Amelia Celaya

Categorizar es centrarse en una peculiaridad concreta del individuo y obviar el resto de sus características, tomar el todo por la parte, poner códigos de barras, señalar al otro por si acaso.

Algunas teóricas –feministas y de los «estudios de la normalidad»[3]– se han negado a conformarse con una sociedad en la que las opciones disponibles para decidir qué vida se elige están, o bien basadas en un estatus racial y/o sexual, o bien ligadas a una característica biológica aislada, y han reclamado el derecho a defender nuestros cuerpos y a ocupar el mundo tal y como somos o tal y como queremos ser, enfrentándonos a las categorías convencionales.

Construyeron/construimos el discurso sobre el que se asienta nuestro hogar pobremente. Discurso basado en la idea de muerte, de tristeza, de producción, de normalización, de regularización. Idea de intercambio, idea de mercado.

Normalizar es incluir dentro de las categorías, rechazar las diferencias. Es necesario desenmascarar las herramientas emergentes de normalización, que se presentan cada vez más subliminales y poderosas, para así dejar de mirar –de mirarnos– con espanto.

Indagar en las formas culturales de pensamiento en lo que al cuerpo respecta y trasgredir las categorías convencionales para crear espacios nuevos que den cabida a otras realidades, intentar con alegría jugar de otra manera, inventando el juego a cada paso.


[1] La medicina, contaba ya Michel Foucault, ha sido la ciencia que de manera hegemónica desde los siglos XVII-XVIII se ha encargado del control de los cuerpos y sus peculiaridades. Sus objetivos han sido principalmente ajustar, regular y, en algunos casos, extirpar dichas variaciones, que son consideradas como algo indeseable. La teoría feminista de la discapacidad pone en cuestionamiento estos principios médicos de cura y rehabilitación y traza una línea divisoria entre las actuaciones médicas destinadas a la «prevención» del sufrimiento, la enfermedad o el daño y aquellas otras dirigidas hacia la «eliminación» de formas corporales devaluadas e inaceptables. Susan Wendell nos advierte que los deseos de perfección y de control del cuerpo son enmascarados por la actitud compasiva y caritativa de parar o prevenir el sufrimiento. Las pruebas genéticas, el aborto selectivo o la medicalización de la intersexualidad serían buenos ejemplos de este proceso de normalización.

[2] Tanto la teoría feminista postcolonial como la teoría queer ponen de manifiesto la imposibilidad de acortar al sujeto/a dentro de unos parámetros identitarios inamovibles. La identidad pasa a ser una compleja red discursiva descentrada. Algunas teóricas que ahondan desde distintas perspectivas en esta cuestión son: bell hooks, Gloria Andalzúa, Judith Butler, Donna Haraway, Chela Sandoval, Teresa de Lauretis.

[3] Lennard Davis sugiere suplantar el término «estudios de la discapacidad» por «estudios de la normalidad».


Fuentes y más información
Algunas autoras para seguir pensando sobre estos temas son Adrienne Ash, Sumi Colligan, Rosemarie Garland-Thomson, Alison Kafer, Catherine J. Kudlick, Ann M. Fox, Lisa Schur, Bonnie Smith.

Otras historias: sobre Emma Goldman 

 

Elena Pintado Miranda

Entre las muchas cosas que te puedes encontrar al navegar por Internet, no es extraño dar con un blog de alguien que recopila fotos de archivos policiales. Y buscando una foto que me permitiera desarrollar un breve artículo sobre Emma Goldman era de esperar que algo así apareciera tarde o temprano, ya que la Goldman fue detenida en más de una ocasión.

Lo cierto es que no era esto lo que andaba buscando. Pretendía más bien una imagen que centrara el tema en la Emma conferenciante de forma más directa, una mujer, una anarquista, hablando en medio de la multitud, y que me permitiera hacer una breve descripción de su vida desde esa perspectiva. Pero me llamó mucho la atención esta foto, evidentemente de una ficha policial, por esa mirada provocadora frente a la cámara y el detalle de que se quitara las gafas en la foto de perfil. No pude resistir pinchar sobre la misma y descubrir hacia donde me llevaba: la página de «Mr. Ed’s Crimminal Mug Shots»[1]. El blog nos presenta la recopilación de fotos como un conjunto en el que hay todo tipo de gente: «famosos, políticos, el rico y el pobre»; desde Al Capone a Michael Jackson, se abre un espectro de personajes entre los que, agrupados todos bajo la característica de haber sido fichados por la poli, no se diferencia al cantante del mafioso, al traficante de armas de una declarada antimilitarista que siempre defendió los derechos de los más desfavorecidos.

Teniendo en cuenta los tiempos que corren y la facilidad con la que los términos se utilizan para englobar todo tipo de realidades, esta mezcla de «criminales» podría haberme dado mucho de qué hablar, pero preferí centrarme en Emma Goldman y averiguar cuál había sido su «delito».

Por suerte, es una de las únicas fotos de la página en la que aparece la fecha: el 31 de Agosto de 1893. No me fue difícil encontrar la historia repasando su propia autobiografía[2]. Emma, emigrante rusa, vivió la expansión industrial de Norteamérica y sus consecuencias: el aumento de la explotación y la precariedad –sobretodo de la gran masa de inmigrantes que llegaban al nuevo mundo buscando una oportunidad–, la pérdida de libertades, los abusos del poder… Fue uno de estos abusos, el que tuvo lugar en Haymarket Square durante una protesta obrera y finalizó con la condena a muerte de cuatro anarquistas, los Mártires de Chicago[3], lo que despertó su conciencia política. Ése fue el comienzo de una lucha que ya no cesaría nunca.

En su autobiografía nos cuenta cómo, en esta fecha, conociendo la situación caótica que atravesaban los miles de parados de Nueva York, viaja desde Rochester para apoyar las acciones que se estaban llevando a cabo. Reuniones, mítines, colectas de comida y una gran manifestación. Estas fueron sus palabras al final de la misma:

«Hombres y mujeres –empecé en medio de un silencio repentino– ¿no os dais cuenta de que el estado es vuestro peor enemigo? Es una máquina que os aplasta para poder sostener a la clase dirigente, vuestros amos. Como inocentes niños depositáis vuestra confianza en los líderes políticos. Les facilitáis ganar vuestra confianza solo para dejar que os vendan al primer postor. Pero incluso cuando no hay una traición directa, los políticos obreristas hacen causa común con vuestros enemigos para manteneros a raya, para evitar la acción directa. El Estado es el pilar del capitalismo, y es ridículo esperar ningún desagravio de su parte. (…). Vosotros también tendréis que aprender que tenéis derecho a compartir el pan del vecino. Vuestros vecinos no solo os han robado el pan, sino que os están chupando la sangre. Seguirán robándoos, y a vuestros hijos, y a los hijos de vuestros hijos, a menos que despertéis, a menos que os volváis lo suficientemente osados como para exigir vuestros derechos. Bien, entonces manifestaos delante de los palacios de los ricos; exigid trabajo. Si no os dan trabajo, exigid pan. Si os deniegan ambas cosas, tomad el pan. ¡Es vuestro derecho sagrado!».

Dos días después Emma Goldman es detenida. Juzgada por incitar a la violencia, la declaran culpable y la condenan a un año de prisión.

Al leer de nuevo su discurso y consciente de que ha pasado más de un siglo desde que lo pronunció, no puedo evitar un sentimiento muy raro frente a la actualidad de sus palabras en estos tiempos de «crisis».

No sería la última vez que pasaría por la cárcel: como anarquista, como pacifista y antimilitarista, como defensora de los derechos de los más desfavorecidos. Apoyó todas las buenas causas y sus palabras siempre hicieron arder las orejas de los que detentaban el poder, estuvieran en el lado que estuvieran.

Esta «criminal» fue una adelantada a su tiempo. Leer su vida es todo un aprendizaje, rescatar sus palabras una vía para re-generar los discursos y lanzar nuevos mensajes acordes a nuestro tiempo. Hagámoslo.


[1] mugshotss.blogspot.com

[2] GOLDMAN, Emma (1996), Viviendo mi vida, tomo 1, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo.

[3] Y que dio lugar al 1 de Mayo como «Día Internacional de los trabajadores».


Para saber un poco más sobre Emma Goldman y de su contexto:

  • GOLDMAN, Emma (2008), La palabra como arma, Madrid, Malatesta – Tierra del fuego.
  • ___ (2008) Fraternalmente Emma: cartas de amor y de guerra. La Felguera ediciones.
  • MUIÑA, Ana (2008), Rebeldes periféricas del siglo XIX, Madrid, La linterna sorda.
  • PEIRÁS, José (2010), Emma Goldman, anarquista de ambos mundos, Madrid, La linterna sorda.
  • Documental: Emma Goldman, una mujer sumamente peligrosa, se puede ver en la siguiente dirección: video.google.com/videoplay?docid=-8944617823561968641#

Identidades políticas en tránsito

Irene Saavedra Valero
Activista de TríbadAS* y Xega

Precisamente, el tema de las identidades políticas llevo pensándolo mucho tiempo, en realidad, años, pero nunca me he puesto a escribirlo. Agradezco a La Madeja que haya elegido este tema, desde mi punto de vista muy controvertido teóricamente y en la práctica también.

Personalmente, el hecho de ser lesbiana no me define como persona. En estos momentos, es mi orientación sexual nada más, aunque durante muchos años sí me definió absolutamente. Esto que puedo concebir hoy como un error de juventud, no lo es en absoluto. Todo tenía su contexto. A finales de los 80 era necesario tener una identidad política como feminista lesbiana dentro de un Movimiento Feminista que, en Madrid, se iba resquebrajando y en el que anteponíamos el ser feministas al hecho de ser lesbianas. Siempre era urgente el aborto, el acceso al trabajo remunerado, la paridad, la violencia, los planes de igualdad, etc., pero siempre dirigido a mujeres heterosexuales. Para ser justas, cuando el Movimiento Feminista de Madrid se divide, la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas (CEOF) organizó y apoyó la Plataforma Antidiscriminatoria: Lesbiana que no te discriminen, que presentamos a los medios y a la sociedad por primera vez conjuntamente. Esa misma Coordinadora es la que organizó estas últimas jornadas feministas de Granada.

Hoy el hecho de ser lesbiana no me dice nada en el aspecto personal, es una orientación más. Pero como lo poco que me queda del Movimiento Feminista tradicional y clásico es «lo personal es político», he comprendido que me encuentro mucho más a gusto definiéndome como persona y que tengo y quiero una identidad política como lesbiana; que la cambiaré según el momento y lugar donde me encuentre; que no me importa la orientación sexual, ni la identidad de género, sino incluir toda la diversidad y pluralidad posible: todas hemos abortado, todas somos lesbianas, todas somos trabajadoras, todas somos putas (uy, perdón, casi todas), todas somos inmigrantes, todas somos trans, todas somos heteros, todas bisexuales, etc.

Pero es imposible avanzar teóricamente en las identidades políticas si el Movimiento Feminista no actúa y sigue callado, no renueva su teoría y se desliga, de una vez por todas, del Feminismo Institucional. No digo que las instituciones no sean necesarias, tienen que seguir realizando su trabajo, pero el feminismo activista y de vanguardia de hace unos años ha sido absorbido por estas instituciones. Todo ello y el cansancio, imagino, han llevado a que en estos últimos años se haya perdido acción en la calle y, sobre todo, frescura en la teoría y en el debate. En las Jornadas que hicimos en Xixón en noviembre de 2009, donde nos juntamos más de 100 feministas lesbianas de 53 organizaciones, en la ponencia sobre Feminismo y Lesbianismo concluimos que algo ocurre para que las lesbianas feministas de cada rincón del Estado, incluida Asturies, expresemos reiteradamente en nuestros espacios un sentimiento de decepción con el Movimiento Feminista. De cada rincón del país nos llegó el sentimiento de que nuestra lucha no es la de todas para una parte importante del mismo. Es decir, una realidad largamente retrasada en la cola de prioridades.

Por ir respondiendo a algo, a estas alturas tampoco me identifico con una identidad lesbiana única, encorsetada y etiquetada, que forma parte de un concepto globalizado de la «comunidad Gay». Como decía Paco Vidarte*, en su Ética Marica:

«¿Constituye una justificación suficiente el hecho de ser gay para no tener que asumir más responsabilidades con la sociedad ni con otro tipo de injusticias que nada tienen que ver con la homofobia? Soy marica, luego estoy salvada. Soy marica, pero me caso. Soy marica, luego exenta de ser solidaria. Soy marica, luego justificada para no preocuparme más que de mi culo. No basta con ser marica para que tu existencia esté justificada. No basta con ser marica para que se te considere un tío legal. No basta con ser pobre, negro, bollera, parado, trans, proleta, sin techo para poder pasar del resto de la gente porque bastante tenemos con ser negros, pobres, maricas como para preocuparnos por los demás, aparte de que no se metan con nosotros…»[1].

Podéis sustituir el sujeto «marica» de la primera parte por «bollera» pero también por «feminista».

Formar parte de una asociación como XEGA (Xente LGTB Astur) ha sido todo un acierto, abrir mis conceptos del feminismo lesbiano o bollero que venía reivindicando −ya me resultaban pobres− y compartirlo con compañerxs, cada unx con sus identidades merece todo el esfuerzo que estamos haciendo algunas feministas lesbianas, junto a las personas trans, gais, bi, etc. Debatir con ellxs sobre masculinidades fue muy enriquecedor. Creo que como identidades políticas vamos bien encaminadxs, pero en Asturies no hay manera de crear puentes con el Movimiento Feminista asturiano. Creo que es urgente y necesaria la interseccionalidad del movimiento LGTB y el Movimiento Feminista: «todas a una» es el camino para un feminismo enriquecedor, integrador y como dijo Justa Montero* y otras colegas en las Jornadas de la CEOF, en Granada, un Movimiento Feminista Inclusivo.

El feminismo clásico debe tomar buena nota de la urgente necesidad de repensar un feminismo diverso que deje de basarse en el heterocentrismo, en el binarismo (hombre/mujer, biológicos) y en los postulados tradicionales. Hace falta ampliar los márgenes para dar cabida a los anhelos y necesidades de un feminismo diverso, articulado, donde las alianzas y puentes entre movimiento LGTB, feministas, inmigrantes, prostitutas, trans, intersex, insurrectxs, etc., −como lo llama Gracia Trujillo*: «los bajos fondos del feminismo»− tomen el protagonismo reclamado y comiencen a estar dentro de la agenda de prioridades de la reivindicación feminista. Aquí me encuentro más a gusto. De las Jornadas Feministas de Granada de hace un año me traje una agradable sorpresa. Seguimos en la brecha, con nuevos feminismos que se están gestando. Una amiga el otro día me preguntó qué es el transfeminismo: pues no sé muy bien qué dirá otra gente, pero para mí es la evolución natural del feminismo.


[1] Vidarte , Paco, (2007), Ética Marica, Madrid, Editorial Egales.